Evaluando El Legado de Norman Borlaug: ¿La Revolución Verde Previno el Hambre?

Por Alexis Lathem

El mes pasado, el anuncio de la muerte de Norman Borlaug nos recordó las contundentes declaraciones que se hicieron acerca de los éxitos de la Revolución Verde. Borlaug el científico agrícola que bajo los auspicios de la Fundación Rockefeller, desarrolló variedades enanas de trigo y arroz que prometían grandes y milagrosos rendimientos que «salvarían la vida de millones de personas» de los países en desarrollo que de otro modo se hubiesen muerto de hambre.

«Padre de la revolución verde, salvó millones de vidas», reza un titular, «El ganador del Nobel que alimentó al mundo», dice otro. Pero cualquier afirmación que se hace de un ser humano, y más aun de un técnico, como autor de estos milagros debería haber despertado al menos un poco de escepticismo. Aunque algunos de los comentarios que aparecieron tras el anuncio de la muerte de Borlaug admitieron que la revolución verde tiene sus críticos – pues después de todo la pobreza en el mundo se ha acrecentado, aumentando la brecha entre ricos y pobres, ha causado la disminución del agua a niveles peligrosos, ha causado la expansión de la contaminación agroquímica provocando la pérdida gradual de tierras y de la fertilidad del suelo. La afirmación de que las innovaciones de plantas genéticas de Borlaug «han salvado millones de vidas», prácticamente no ha sido cuestionada.

La frase «revolución verde», que se refiere a la «agresiva campaña de los Estados Unidos para » modernizar » la agricultura del tercer mundo, ha sido una de las más exitosas maniobras de la historia del mercadeo político. ¿Qué más políticamente benigno que las imágenes que evoca, – campos verdes y olas ámbar de granos – o menos objetables esfuerzos que cultivar alimentos para hambrientos y pobres? Por todas las críticas al sistema agrícola industrial que introdujo la revolución verde a la India, Pakistán, Filipinas y otros países, las preocupaciones deben medirse en función de la afirmación de que «millones de personas» de otro modo se hubiesen muerto de hambre.

¿Cuáles entonces son las bases para afirmar que la revolución verde ha salvado millones de vidas? Se repite con bastante frecuencia, pero nunca se documenta y es generalmente aceptada como la afirmación de que la guerra civil terminó con la esclavitud en los Estados Unidos, que no necesita documentación. Pero ¿cómo se mide, científicamente hablando, qué hubiese pasado? ¿Se pueden considerar alternativas al modelo agrícola imperante? ¿Es posible que, teniendo en cuenta las predicciones, las hambrunas no ocurrieron – y que esas proyecciones fueron erradas? ¿Podemos asumir que no hubo alternativas a la aceleración de la producción de alimentos al estilo industrial? ¿Es posible que pueda haber otra explicación para haber evitado la hambruna de la India desde su independencia, que no sea la intervención de las Fundaciones Ford y Rockefeller y semillas milagrosas de Borlaug?

La persistencia de la creencia de que las llamadas semillas de alto rendimiento (son de alto rendimiento sólo porque son tolerantes a grandes dosis de fertilizantes químicos) salvaron a millones de personas de hambre, es aún más sorprendente cuando el mundo escolarizado la ha desacreditado totalmente. Que los métodos industriales producen más alimentos que las pequeñas granjas que integran una diversidad de cultivos, el uso de fertilizantes naturales y mano de obra humana han sido refutados por innumerables estudios científicos [1]

El argumento también compromete la lógica de Malthus, que sostiene que las hambrunas son consecuencia de una falta de alimentos, y la falta alimentos es consecuencia del fracaso de los sistemas agrícolas para producir lo suficiente según el ritmo de crecimiento de la población. Naturalmente, donde hay hambre, se cree que hay falta de alimentos. Historiadores y economistas, muy especialmente Amartya Sen, otro premio Nobel, quien ha examinado las causas del hambre y la hambruna en docenas de libros académicos, corroboran que la hambruna y el hambre no están históricamente vinculados a la disponibilidad de alimentos [2]. En otras palabras la teoría de Malthus es completamente inútil para cualquier comprensión de las causas del hambre en el mundo. Lo que paso en Irlanda durante la hambruna de 1845-1852 al igual que en Bengala en 1943, sigue siendo cierto hoy, millones de personas mueren de hambre en medio de la abundancia agrícola.

Según la visión maltusiana, que adoptó Borlaug, el mundo se ha quedado sin tierras para cultivar alimentos y la única manera de aumentar la producción de alimentos era encontrar una manera de aumentar el rendimiento de los cultivos en cada porción de tierra a través de la innovación tecnológica. Pero Malthus no tomó en cuenta los esquemas de propiedad de la tierra, o las cuestiones de quién controla la tierra y para qué se utiliza. Tampoco lo hizo Borlaug, quien aceptó que si hay hambre es por una escasez de alimentos. Pero no se puede después de todo, comer algodón o yute, o café o té, ni en todo caso, puede un campesino comer lo que el mismo produce, debido a que está destinado a la exportación y para las mesas de los ricos de las ciudades distantes.

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