Panorama de los plaguicidas en México

Por Lilia América Albert*, La Jornada, 3 de abril de 2015

Antecedentes históricos

En México se han usado plaguicidas en la agricultura desde fines del siglo XIX; hasta mediados del siglo pasado se utilizaban cerca de 40 compuestos naturales de tipo botánico o inorgánico.

El primer plaguicida sintético fue el DDT, que se empezó a usar hacia 1948; después, se agregaron otros plaguicidas organoclorados, diversos organofosforados, carbamatos y una gran variedad de herbicidas y fungicidas, todo lo cual estuvo relacionado con la llegada de la Revolución Verde, cuya introducción fue apoyada por fuertes inversiones internacionales para convencer a las autoridades de que era un camino rápido y seguro para ‘modernizar’ la agricultura mexicana.

El gobierno mexicano contribuyó a su auge otorgando fuertes subsidios a los insumos para convencer a los grandes agricultores que las variedades de alto rendimiento y el uso masivo de agroquímicos les serían muy redituables.

Entre los apoyos internacionales a esta revolución destaca el que dio la Fundación Rockefeller a las principales escuelas de agronomía del país para que enfatizaran el monocultivo de especies híbridas de alto rendimiento y el uso intensivo de plaguicidas sintéticos y fertilizantes como métodos para mejorar la productividad agrícola.

Como resultado, muchas generaciones de agrónomos mexicanos se forma- ron conociendo estos métodos de manera exclusiva o preferente; tuvieron que pasar casi cuarenta años antes de que en el país se empezaran a formar agrónomos conscientes de los problemas asociados con los plaguicidas y críticos de las bondades de esta revolución y para que las autoridades empezaran a reconocer, si bien con timidez, los riesgos que el uso de plaguicidas presenta para el ambiente y para la salud de aplicadores y consumidores.

Un uso adicional de los plaguicidas sintéticos fue para el control de vectores, del cual México fue país piloto y, a partir de 1956, ha seguido fielmente las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En un inicio, el principal uso de estos plaguicidas en México fue en el cultivo del algodón, que entonces aportaba el 25% de las divisas del país. Así, según datos oficiales, en 1960 el 62.5% del total de plaguicidas se aplicó al algodón; este uso excesivo generó rápidamente una importante resistencia de las plagas de la planta a los plaguicidas que, en pocos años, causó el abandono de este cultivo por incosteable.

Con el tiempo se tuvo que reconocer que los supuestos beneficios de la Revolución Verde –una mayor producción agrícola, alimentos más baratos y una reducción de la pobreza rural– no se concretaron, y de productos tecnológicamente complejos, relativamente recientes o cuya patente está en vigor.

Casi el 50% de los insecticidas que se importan en México, y una proporción menor de herbicidas y fungicidas, procede de Estados Unidos y Canadá; el país también importa estos productos de Alemania, Inglaterra, Suiza, Israel y Francia.

Se calcula que durante 2009 se gastaron aproximadamente $8,000,000,000 (MN) en la importación de productos químicos agropecuarios y que el valor actual del mercado de plaguicidas en México está entre 400 y 600 millones de dólares, si bien es posible que esta cifra subestime la realidad.

No hay datos actuales ni confiables sobre la can- tidad de plaguicidas que se usan en el país; en 1955, la Asociación Mexicana de Fabricantes de Plaguicidas y Fertilizantes afirmó que se consumían alrededor de 55 mil toneladas anuales de ingrediente activo y, en 2008, la Semarnat calculó que se usaban unas 93 mil toneladas anuales.

Considerando el tiempo transcurrido, es posible que actualmente se estén usando alrededor de 100 mil toneladas anuales, lo que supondría que en México se usa, en promedio, cerca de un kilo de estos productos por habitante por año.

Tendencias en el uso de plaguicidas

Salvo el caso del algodón, históricamente el uso de plaguicidas ha estado concentrado en los estados del noroeste del país y en la agricultura inten- siva dedicada a cultivos de exportación.

Según los datos disponibles, los regiones con ma- yor uso de plaguicidas son: Sinaloa, Jalisco-Nayarit-Colima, Sonora-Baja California, Tamaulipas, Chiapas, Veracruz, Michoacán, Tabasco, estado de México y Puebla-Oaxaca. Se calcula que en ellas se aplica 80% de total de plaguicidas usados en el país, por lo que este uso está muy concentra- do en algunas regiones y cultivos.

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