Transgénicos: Que hablen los experimentos

Las reacciones de diferentes sectores de la sociedad ante los organismos genéticamente modificados (OGM) son indiscutiblemente elementos de la mayor importancia en el debate, pues tienen gran influencia en las políticas públicas referentes a la introducción de los OGM en la agricultura, e incluso en el desarrollo de los proyectos científicos a escala mundial.

Ya que este fenómeno está presente, podemos preguntarnos de qué está hecho, mirarlo a la cara. Pueden verse varios rostros: a) Los que están genuinamente preocupados y ven en los transgénicos un riesgo potencial para la salud y el medio ambiente, b) Los nacionalistas, que declaran que sin un grano puro no hay país ni raza, c) Los antimperialistas, que ven una conjura de las multinacionales encabezadas por Monsanto, Syngenta, y otras, e identifican a los interesados en la investigación en OGM como agentes del imperialismo o pagados por ellos, d) Los grupos anticientíficos que afirman que toda la ciencia es peligrosa (por lo tanto los científicos también) y que hay que regularla y preferentemente prohibirla –y apenas pueden ocultar sus similitudes con el oscurantismo religioso.

Dentro de esta gama, para quienes están genuinamente interesados en saber sobre los posibles efectos adversos de los transgénicos en la salud y están abiertos a la discusión, el trabajo de Séralini y la declaración de la revista tienen mucho sentido.

Si como dice el dictamen de la publicación en el trabajo de Séralini no hubo fraude y los resultados son correctos (aunque insuficientes) y fueron respaldados en una primera instancia por una revisión por pares, estamos ante una fuerte sugerencia de que una variedad de maíz transgénico puede tener efectos nocivos sobre la salud. los que piensan que la declaración de la revista es suficiente para eliminar esta sugerencia, actúan del mismo modo que los grupos extracientíficos. ¡Quienes tienen que hablar son los experimentos!

La solución es clara, para resolver este debate, al menos desde el punto de vista científico, se requiere hacer experimentos en los que se utilice un número mayor de sujetos en los diferentes grupos (que no requiera de malabares estadísticos) y en cepas de animales que no desarrollen tumores espontáneamente (definitivamente no la Sprague-Dawley empleada por Séralini), con eso se daría solución a un tema científico de la mayor relevancia en nuestro tiempo; y colateralmente, A. Wallace Hayes brincará de gusto o tendrá que presentar su renuncia.

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