Alimentos transgénicos: fantasma que recorre San Luis y el Mundo

Por El Sol de San Luis, 5 de mayo de 2013

Cuando usted termine de leer este reportaje millares de personas en San Luis Potosí habrán consumido, sin saberlo, productos de contenido transgénico, manipulados genéticamente en laboratorios, tortillas refrescos, harina de maíz, fideos, leche, chocolate, cereal, soya, margarina, aceite, huevos, frutas y comida para bebés, entre muchos otros, que se pueden adquirir en los centros comerciales o en la tienda de la esquina.

El número de personas que los consumen podría precisarse, no así los daños que generan a la salud, como alergias a personas proclives y la resistencia a los antibióticos útiles para el ser humano, que ya han sido comprobados, y otros que están en estudio como el cáncer y trastornos en el desarrollo físico de niños y adultos que, se dice, provoca el consumo de soya y maíz transgénico.

Esto sin contar la incertidumbre que genera la modificación genética y su posible descontrol en un nuevo gen, que puede surgir del cambio a la cadena cromosómica, con afectaciones a futuro aún no determinadas a los seres humanos. Todo esto sin enumerar los daños al ecosistema, la tierra, los mantos acuíferos, etcétera.

¿Pero qué son los transgénicos?

Según la Organización Mundial de la Salud, son organismos genéticamente modificados (OGM) en los cuales el material genético (ADN) ha sido alterado de modo artificial. Se le denomina «biotecnología moderna», om»ingeniería genética», que transfiere genes seleccionados individuales de un organismo a otro, incluso entre especies no relacionadas como los genes de animales a plantas, por ejemplo.

El debate sobre si esos productos afectan o no a los seres humanos se centra en el uso de la Biotecnología para la producción de alimentos de contenido transgénico, que ya se encuentran en el mercado para su venta sin ninguna etiqueta que los identifique, lo que ha generado un airado reclamo de organizaciones ambientalistas al gobierno y a empresas como Monsanto, usufructuarias en México y San Luis Potosí de estas patentes otorgadas a través de permisos para crear, producir y vender las semillas modificas en laboratorio.

La «guerra» por conservar el maíz

Sin embargo es en los permisos otorgados en el sexenio pasado por la SAGARPA y la SEMARNAT, para la siembra del maíz transgénico en nuestro país, donde se libra la «guerra final» entre instituciones, ambientalistas, organizaciones de la sociedad civil y productores agrícolas, en contra de esas empresas trasnacionales por considerar que nuestro país «es el centro de diversidad de maíz en el mundo», pieza clave en el desarrollo de nuestra cultura, desde tiempos ancestrales.

Esta incertidumbre de males y enfermedades que se abre como peste por sus consecuencias que no se pueden aún determinar como una ley general, ha provocado un enfrentamiento verbal que, se cree, pronto estará en las calles, entre promotores y opositores, por considerar que los transgénicos contienen un flujo genético aún desconocido que ocasiona daños a la salud, la desaparición de especies y la erosión de la tierra, donde ya nunca se podrá volver a sembrar.

Preocupa que el manejo biológico de los alimentos impactará no solo en el entorno natural, los seres humanos y en la economía de las regiones, como ya ocurre en Yucatán, donde países europeos limitaron la compra de miel de abeja, hasta que no se demuestre que está libre de transgénicos y del uso del herbicida Roundup, que contiene glifosato que daña la salud y el ambiente, como ocurrirá en la Huasteca Potosina.

Este año la controversia llegó a un punto crítico al entrar en vigor los permisos liberados por la SAGARPA, para que la empresa Monsanto comience la siembra comercial de soya en siete estados del país, incluyendo a San Luis Potosí, donde ya se cultivan desde hace 12 años miles de hectáreas en Ebano y Tamuín, en fase experimental para forraje, última etapa para la siembra comercial.

Esos permisos han sido severamente cuestionados por diversas organizaciones opositoras que censuran que se hayan otorgado sin ninguna restricción, ni legal, ni moral ni ética, a empresas como Monsanto, pese a la oposición de instituciones como la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO), que integran el Comité de Bioseguridad.

La UASLP encabeza seguimiento

Estas denuncias de parcialidad de la SAGARPA y la SEMARNAT «durante el sexenio panista» para aprobar dichos permisos, son similares a las expuestas por la investigadora de la UASLP doctora María Guadalupe Galindo Mendoza, del Laboratorio Nacional de la Coordinación para la Innovación y la Aplicación de la Ciencia y la Tecnología, CIACyT-UASLP, y también responsable de dar seguimiento al impacto del cultivo de los transgénicos en México.

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