Alimentos transgénicos: fantasma que recorre San Luis y el Mundo

Protestas de los ambientalistas

En la lucha de las organizaciones ambientalistas como Greenpeace que se oponen a los transgénicos, lo último ocurrió el pasado jueves 25 de abril cuando una activista descendió a rapel en una sesión del Senado portando una manta que decía: «Maíz transgénico, traición a la patria», lo que da una idea del nivel que alcanzó ya en el país la oposición a la modificación biotecnológica del maíz mexicano.

Entre los argumentos de Greenpeace con relación a su uso están: «Un peligro para la biodiversidad y los ecosistemas. Generan resistencia en insectos y en la maleza. Suponen incremento en el uso de tóxicos.

Contaminan cultivos convencionales, orgánicos y nativos, por medio del flujo genético vía insectos, y por el viento o intercambio de semillas.

Además implican riesgos en la salud de las personas, favorecen la aparición de alergias y problemas en los órganos internos. Acabarán con las variedades originales de maíz y ponen en peligro la autosuficiencia alimentaria de México. Perjudicarán a la economía de los agricultores mexicanos, ya que las ganancias son monopolizadas por unas cuantas multinacionales.

Salud no interviene ni mide sus impactos

Para conocer las consecuencias generadas en la Huasteca, concretamente en Ebano y Tamuín, donde desde hace 12 años se siembra soya transgénica, y su impacto en la salud pública, El Sol de San Luis solicitó a la Secretaría de Salud local información sobre investigaciones a nivel epidemiológico, por el uso de baterías y virus en esas plantaciones y sus alrededores; y sí, han generado nuevas cepas patógenas de enfermedades existentes o de otras nuevas. Sin embargo la dependencia informó que hasta el momento no se hacen investigaciones de la siembra de transgénicos, por lo tanto no cuentan con resultados sobre el impacto en las personas, niños y adultos.

Una cosa es cierta: la embestida comercial de las empresas transnacionales que han inundado el mercado con productos que contienen transgénicos es una realidad, y el Gobierno no sólo mantuvo en los últimos 12 años una actitud de complacencia, obligado por el Tratado de Libre Comercio para permitir su venta, sino que además como lo denuncian la UASLP y organizaciones ambientalistas, se permitió el impulso de los transgénicos autorizando la siembra en México como la Soya y el Maíz, en perjuicio de los productores mexicanos y de los ecosistemas.

La obligatoriedad de las grandes empresas a etiquetar sus productos transgénicos con la leyenda de «éste es un producto transgénico», o «puede ser nocivo para la salud», debe hacerse por ley de inmediato, para garantizar el derecho a la información de los consumidores, pero además su derecho a consumirlos.

Además, que la legislación obligue a las áreas epidemiológicas del Sector Salud, a desplegar programas de investigación para conocer si su producción o consumo pueden generar nuevas cepas genéticas en seres humanos o animales por la manipulación biológica, y que además el sector agropecuario asuma su papel como rector de la mejoría, calidad e inocuidad de los alimentos que deben producirse en el campo, para encaminar sus políticas agropecuarias teniendo como base la salud de la población, la protección a la tierra y nuestro derecho a conservar semillas, como el maíz, como parte de nuestra herencia cultural hoy en riesgo de desaparecer.

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