Después de Paris: Legitimando una transición ciudadana hacia una nueva cultura climática

Por Zhiwa Woodbury, Truthout, 15 de diciembre de 2015, Traducción de Mariana Escalante para Vía Orgánica AC 

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Dato: Si mañana dejáramos de quemar todos los combustibles fósiles, la tierra continuaría calentándose a un nivel alarmante por muchas décadas. El negocio agrícola con su uso intensivo de químicos y la ganadería industrial son responsables de un 30 a 50 por ciento del calentamiento global y por sí mismos pueden sellar nuestro destino colectivo.

Dato: Si cambiamos el negocio agrícola y la ganadería industrial por agricultura regenerativa y ganadería familiar, veríamos que el calentamiento global se revertiría de manera inmediata – aún si continuáramos quemando combustibles fósiles a los niveles actuales.  

Dato: Casi una tercera parte de la tierra que produce comida en el mundo ha sido perdida en los últimos 40 años. Si no hacemos la transición alejándonos del modelo del negocio agrícola industrial con monocultivos, el cual tiene el efecto de esterilizar a los mismísimos suelos de los cuales dependen nuestras vidas, expertos y expertas en la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) estiman que la tierra ya no dará el sustento a cultivos en crecimiento antes de que termine este siglo.

Conclusión: Es hora de repensar al movimiento climático. Nosotras las personas ya tenemos todas las herramientas y sabemos cómo resolver la crisis climática, trabajando en comunidad con iniciativas con base en la salud, sin necesidad de tratados, leyes, regulaciones o altruismo corporativo.

Y los que hemos estado trabajando tan duro para inculcar una conciencia en forma educativa sobre cambios saludables en nuestras propias comunidades, probablemente podríamos conseguir esta transición a la “cultura climática” en menor tiempo que los gobiernos y corporaciones que han estado “hablando” sobre la necesidad de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para aquellos que han seguido las negociaciones climáticas y han visto cómo las mismas se van por la tangente, no es ninguna sorpresa que nuestros gobiernos hayan fallado totalmente en la conferencia climática reciente en París, la cual fue reconocida ampliamente como nuestra última oportunidad para asegurarnos un futuro habitable.

Con los impactos climáticos catastróficos en el presente y en el futuro por el inconveniente lapso de tiempo entre emisiones y el consumo climático, la preocupación principal de los políticos es encontrar maneras de mantener la cara en el escenario mundial ante una audiencia global sin precedentes de líderes religiosos, expertos y expertas científicas y científicos, ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo con preocupaciones, ante casos de especies en desaparición y por las generaciones futuras.

Y mientras hacen esto, mientras se supone que tenemos que sentirnos apaciguados de alguna forma por un acuerdo inválido que aspira a limitar de alguna forma al calentamiento global a 1.5 grados Celsius sobre los niveles pre-industriales, mientras que la ciencia nos dice que 2 grados Celsius (3.6 grados Fahrenheit) generaría algo en el sistema del cambio climático – y los diabólicos detalles del acuerdo en sí mismo dan a lugar “determinadas contribuciones con intención nacional” no vinculantes que resultarían en un levantamiento en promedio de 3.5 grados Celsius. En otras palabras, este acuerdo refleja el legado climático del Presidente Obama, quien utilizó todas las palabras correctas pero estas no se reflejaron en los hechos.

El profesor Steffen Böhm, director del Instituto de Sustentabilidad de Essex, señaló que en vísperas de las pláticas climáticas en las cuales “nada significativo ha cambiado desde Río en 1992 o Kioto 1997. París 2015 no será diferente…

Nadie que se siente en la mesa de negociación en Paris tiene el mandato ni la inclinación para hacer preguntas fundamentales y sistémicas de la lógica del sistema económico dominante y la manera en la que consumimos los recursos de este planeta.” El mismísimo científico líder principal, James Hansen, aportó seriedad a esta sensación al señalar que los parámetros establecidos para las pláticas fueron inadecuados científicamente.

Existen soluciones al alcance de la mano, de bajo costo. En esencia, como señala Hansen, los políticos no tienen la voluntad de alterar a los precios bajos del combustible fósil del cual ahora dependen sus guerras y economías, sin importar que aseguran la devastación de generaciones futuras como “daño colateral” en nuestra guerra con el ambiente.

Una de las preguntas fundamentales y sistémicas que los políticos se niegan a preguntar es cómo podemos hacer la transición del modelo actual, destructor del medioambiente, del negocio agrícola siendo impuesto al mundo para beneficiar a Monsanto, Archer Daniels Midland, Cargill, John Deere y su calaña; a un sistema agrícola más sustentable, basado en la ecología que favorezca a las granjas familiares en casa y en el extranjero.

Para poner a las pláticas climáticas en perspectiva, pregúntate esto: ¿Si la FAO de la ONU nos dice que sólo tenemos 60 años de fertilidad restante en nuestro suelo debido a los monocultivos con uso intensivo de químicos que sueltan carbono en la atmósfera, y sabemos que los productos de agricultura con sistema ecológico producen comida más real por acre mientras absorben carbono de la atmósfera, ¿entonces por qué las negociaciones de la COP21 no se centran en convertir las prácticas agrícolas a nivel mundial antes de que los suelos se consideren inertes?

¿Perder la habilidad de cultivar comida en 60 años no es tan urgente como la transición de los combustibles fósiles a energía renovable? Especialmente si resolver el problema del suelo tiene el potencial de quitar el carbono de la atmósfera.

Tal vez una mejor pregunta sea la siguiente: ¿Por qué continuamos pendientes de estas instituciones políticas que no responden a las preguntas sobre el problema más importante de todos los tiempos?

Las corporaciones ejercen más poder político que antes, y ejercen soberanía sobre los acuerdos de comercio que actualmente son negociados. El gobierno estadounidense, mientras tanto, ha amasado una capacidad de vigilancia que les permite neutralizar a movimientos políticos como Occupy y para espiar a compañías extranjeras a favor de las corporaciones estadounidenses.

Y, gracias a las protestas masivas de la Organización del Intercambio Mundial en Seattle en 1999, ahora tenemos una fuerza policiaca militarizada que considera iguales a las protestas climáticas, las demostraciones y la acción directa con el terrorismo. Hemos llegado a un punto en el cual la única protesta permitida es dejar zapatos en una plaza pública vacía. Si bien esto parece ser inteligente, hasta conmovedor, ¿qué tan efectivo es?

Sin embargo, existe un suceso prioritario e innegable que el movimiento climático puede construir para avanzar. Y no debería ser subestimado. Con líderes reales como Bill mcKibben, el Papa Francisco, Neil deGrasse Tyson, Vandana Shiva y hasta Bill Nye, el movimiento climático ha congregado a un gran número de personas alrededor del mundo para su causa, con el fin de construir un impulso real y resolverel proceso.

Pero toda una vida de activismo me ha enseñado que esto es mucho más efectivo, estar por algo en vez de en contra, y si la respuesta a París va a ser más de lo mismo – más de escribir cartas, marchar, conformarse con el menor de los dos males y gritar de manera repetida “FUEGO” en un planeta con mucha gente – entonces nuestro movimiento está tan condenado al fracaso como los acuerdos políticos que censura.

Pero hay otra manera. Hay una esperanza real y positiva para una solución puntual.

La manera para realmente tener éxito en el movimiento climático es concentrarse en lo que ya tenemos, en vez de permitirnos ser absorbidos en un hoyo negro de lástima propia. Construir ese poder que actualmente poseemos puede generar planes positivos y con los que se pueda trabajar y éxitos inesperados, en vez de derrotas predecibles.

Ahora es el momento de re-direccionar todo el activismo del corazón y los impulsos que han sido generados en los años que llevaron a París en una dirección más constructiva y esperanzadora que se traduzca en comunidades florecientes, una cultura vibrante y un futuro sano.

Afortunadamente, un muy buen comienzo para este tipo de transformación colaborativa emergió de las cenizas de la conflagración climática en París. Ahora existe una corriente de activistas climáticos interesados en crear una plataforma para el poder de la gente, para prevalecer sobre la inercia política patrocinada por las corporaciones.

La Búsqueda Global Climática 2.0: Aprovechando la Energía del Movimiento de la Gente

 En la luz oscurecida de esta era polarizada políticamente, cada vez más aterrorizada, ha llegado el tiempo para un movimiento decidido a ser de “cultura climática”, un movimiento con base en la tierra, la vida sana y valores comunitarios, un movimiento apartidario social que empodere a la gente y a las comunidades para darle una nueva forma a la cultura humana y resucite a la naturaleza humana en respuesta al mundo natural que claramente está angustiado.

Apartidario significa no preocuparte mucho por el gobierno global transnacional, no esperar a que las instituciones laberínticas construidas sobre la ambición y poder para transformarse en sirvientes altruísticos de la gente, y recordar en su lugar que ya tenemos todo el poder que necesitamos para revertir al cambio climático.

En efecto, mientras la industria alimenticia se responsabiliza por al menos un tercio y hasta la mitad de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, los suelos sanos regenerados tienen el potencial de reabsorber (de la atmósfera) 111 por ciento de todo el dióxido de carbono siendo emitido actualmente. Piensa en esto por un minuto. A partir de esto podemos crear una solución cultural a la crisis climática – una nueva “cultura climática” que no sea dependiente de la reforma política o la benevolencia corporativa.

Para tener éxito, necesitaremos pensar y actuar fuera de la caja llena de acción política polarizada que ha sido construida por la estructura de poder político polarizada para contener y marginalizar a los movimientos de la gente. La supervivencia en la era que viene del creciente caos climático no es un problema democrático o republicano, a pesar de sus mejores esfuerzos de medios corporativos y oportunistas políticos divisorios que lo retratan así.

En vez de eso, como señala Naomi Klein, la crisis climática es tal vez la mejor herramienta de organización comunitaria en el planeta ahora mismo. La física y activista social, la Dra. Vandana Shiva señala lo mismo pero con más ferocidad:

Si los gobiernos no van a resolver las crisis climática, de hambre, salud y democracia, entonces la gente lo hará…. La agricultura regenerativa da respuestas a la crisis del suelo, crisis de comida, crisis de salud, la crisis climática y la crisis de la democracia.

¿Qué se necesitara para que la gente de este planeta luche por el control del clima que compartimos con los intereses políticos y corporativos? Nada más que una insurgencia cultural. Como Ronnie Cummins, el director de la Asociación de Consumidores Orgánicos señala correctamente, lo que ahora mismo necesitamos más que nada es “un movimiento global supercargado de base… movilizando a un amplio grupo de agricultores, rancheros, jardineros, consumidores, activistas climáticos y conservacionistas” a la causa de transformar nuestra relación con la comida, por la cual todos y todas estamos conectadas(os) a la tierra, en una relación sana y restauradora entre nosotros y con la misma naturaleza.

¿Cómo se vería tal movimiento?

Afortunadamente, Cummins y Shiva han mostrado el camino, combinando fuerzas para fundar al nuevo grupo Regeneración Internacional. Shiva ya se hizo merecedora de un Premio Nobel alternativo por su dedicación y esfuerzos promoviendo el suelo antes que el petróleo y enfrentándose a los planes malvados de Monsanto para obtener patentes sobre la vida y arrinconar al mercado global en la producción de semillas.

Habla desde un lugar de amor profundo, sabiduría y compasión. Podemos encontrar autoridad moral, inspiración y socorro espiritual adicional de este floreciente movimiento social en la encíclica altamente conmovedora del Papa Francisco, Laudato Si’, así como una creciente fuerza de líderes espirituales preocupados de otras tradiciones culturales, probablemente incluirá a Thich Nhat Hanh, al Rabino Michael Lerner, Jefe Arvol Caballo que Mira, al venerable Bhikkhu Bodhi y a Llewellyn Vaughan-Lee.

Para la guía económica necesitada en esta transición urgente, podemos dirigirnos a la considerable pericia global y atención de Share the World’s Resources (Compartan los Recursos Mundiales) del Reino Unido. Para hacer funcional las redes de distribución vitales conectando a los agricultores y consumidores quienes ven a la crisis climática tanto como una oportunidad y un imperativo moral personal (72 por ciento de los estadounidenses), ahora tenemos a PlantPure Nation que también posee la pericia de brindar las dietas saludables necesarias para atraer a aquellos con intereses más egoístas que quieran vivir por más tiempo vidas más activas sin una sopa tóxica de farmacéuticos.

Para hacer correr la voz en nuestras comunidades, podemos comenzar organizando cafés climáticos, colocando cabinas en nuestros mercados de agricultores, promoviendo huertos comunitarios y trabajando con restaurantes locales, cooperativas y gente que surta las tiendas para cumplir con la creciente demanda de comida sin adulterar. Para ayudar a la gente a procesar los desafíos que provienen de los problemas climáticos y neutralizar nuestra frustración, negación y desesperanza, podemos darle click a la asombrosa red mundial de Joanna Macy Trabajo que Reconecta, así como a mi manual que está en camino, Sentido Climático: Cambiando la Forma en la que Pensamos y nos Sentimos Sobre Nuestra Crisis Climática.

Los cafés climáticos permiten que las oportunidades engendren afinidad y grupos de apoyo, trabajando a nivel local hacia la sustentabilidad ecológica y en construir redes de resistencia en un momento de creciente caos climático. El visionario social Paul Hawken estima que ya existen más de 2 millones de tales grupos que se reúnen regularmente a nivel mundial.

Esto es sólo rascar la superficie de las herramientas disponibles para la organización eco sustentable de la comunidad. Con el advenimiento de los medios sociales, debería ser más fácil y rápido que antes construir una red integrada, cohesiva de organización comunitaria global. Estamos, después de todo, interconectados de una manera que hace que los gobiernos y corporaciones se estremezcan. Mientras el cántico se eleva de las calles que dice: “El pueblo, unido, jamás será vencido.”

Visión 2020

Si bien los pactos de París no serán efectivos por lo menos en otros cinco años, la Agencia Internacional de Energía estima que cinco años es todo el tiempo que nos queda para evitar una catástrofe ecológica irreversible. Por ello es necesario que todos los activistas climáticos y organizaciones combinemos nuestras fuerzas y comencemos a construir comunidades eco-flexibles ahora. Es hora de tomar el control de la cadena alimenticia al transformar las formas de consumo – nuestro consumo propio, el de nuestra familia, amigos y también de nuestros vecinos.

Al construir un movimiento comunitario cultural de abajo hacia arriba, ya no necesitaremos ver más allá de los consejos ciudadanos y las comisiones estatales por ayuda mutua y apoyo, con una ocasional intervención del congreso. Tal omo el sabio ícono cultural y ecológico Wendell Berry destaca en su último libro Nuestro Único Mundo:

Durante las últimas dos o tres décadas, ha habido un creciente movimiento nacional e internacional hacia economías locales, comenzando con economías locales de alimentos. Esto ha sido notado y entendido pobremente por los medios de noticias, y en su mayoría ignorado en las capitales de estados y en Washington, D.C. Algunos gobiernos de ciudades y de países, sin embargo, se han dado cuenta de este movimiento y entendido su importancia… Este proyecto implica la producción de comida en ciudades así como alrededor de ellas, y está adoptando una agricultura urbana necesaria entre jardineros y consumidores.

Afortunadamente, la conversión de fábricas industriales de tierra de monocultivos a granjas de agricultura restauradora ya ha comenzado, liderada por la rápidamente creciente preferencia de los consumidores que están optando por la comida sana. Esos consumidores (45 por ciento de los y las compradores estadounidenses ya están buscando alternativas orgánicas) son motivados por preocupaciones de salud, que cuales resultan ser una motivación muy influyente para también reducir la carne en nuestras dietas.

Estas preferencias pueden ser reforzadas en gran manera cuando aquellos consumidores encuentran la conexión entre la salud de su familia hoy y la salud de sus nietas y nietos mañana – el futuro de nuestro planeta. Esta sinergia entre el interés propio y la motivación altruista sólo ha comenzado a ser tocada.

Por el engañosamente simple acto de reconectar a los ciudadanos a la naturaleza y entre sí por medio de cultivar comida sana en huertos comunitarios y en granjas locales y familiares; al educar a la gente sobre los efectos a la salud del planeta y la salud personal de las dietas altas en carne y la depravación moral de la agricultura industrial, podemos acelerar la conversión necesaria de los abusos de tierra de los negocios agrícolas no sustentables, que destruyen el clima a usos de suelo productivos, restauradores de clima y enriquecedores de suelo. En el proceso, podemos reforzar a nuestras comunidades al cambiar la cultura.

Independientemente de su tendencia política, cada vez más gente está de acuerdo en que nuestra cultura necesita ser transformada. El enfatizar una transición de regreso a modos de vida sanos y comunidades conectadas que apoyen a agricultores familiares y economías locales tendrá un atractivo universal.

Si cada activista y organización ambiental redirigiera hasta la mitad de su tiempo y energía que actualmente ponemos en la lucha contra los combustibles fósiles para construir una cultura climática eco-flexible en su lugar, probablemente podríamos cumplir con la fecha tope de la Agencia Internacional de Energía de cinco años. Seguramente, tendríamos una mejor oportunidad de tener éxito que el gobierno mundial, el cual no está ni siquiera intentando detener las emisiones que se aceleran hasta que el “tiempo de morir” ya haya pasado.

Ahora depende de nosotros. Si es verdad, como dicen, que cada guerra se gana en los estómagos de la infantería, entonces participemos en un sacramento de comida viva que honre a las plantas, animales, gente, comunidades y la tierra en la cual somos privilegiados de caminar. Dediquémonos al servicio de la vida en cada comida que preparemos y cultivemos esta misma ética en comunidad.

Copyright, Truthout. No puede ser reimpreso sin permiso.

ZHIWA WOODBURY

Zhiwa Woodbury es un ecopsicólogo y autor del libro próximo a salir DUELO CLIMÁTICO: Cambiando la Manera en la que Pensamos y nos Sentimos Sobre nuestro Clima en Crisis. Él escribe en el blog ¡Cura al Planeta!, y lo puedes seguir en Facebook y en el Hospicio Planetario.

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