El planeta no acepta negociar: Ban Ki-moon

Por David Brooks, La Jornada, 24 de septiembre de 2014

Cumbre de buenos deseos

Sin China ni India, líderes de 120 estados se reúnen en la ONU

Unos 120 jefes de Estado, junto con ejecutivos empresariales, agrupaciones ambientalistas y otras organizaciones no gubernamentales (ONG) que se reunieron en la Cumbre sobre el Clima convocada por la Organización de Naciones Unidas, ofrecieron una larga y amplia lista de promesas. Muchos se congratularon por lo que dicen que ya lograron en sus países para bien del medio ambiente, y se sumaron al coro universal para salvar al planeta de los efectos de las políticas que muchos de los presentes promovieron durante las décadas recientes.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, reiteró lo que es ahora el mantra oficial: el cambio climático es el tema definitorio de nuestros tiempos. Más tarde, en conferencia de prensa, afirmó que ya no se trata de una amenaza distante, sino que ya está afectando a todo el mundo, incluso a la misma sede de la ONU, pues resultó inundada por los efectos del huracán Sandy.

La cumbre de un día tuvo el propósito de dar impulso y nutrir la voluntad política para lograr un nuevo acuerdo global programado para 2015 que reduzca las emisiones de carbono y mantenga bajo dos grados centígrados el incremento del calentamiento, límite establecido por la comunidad científica para evitar daños irreversibles al planeta. Fue la primera reunión de este nivel sobre el tema en cinco años.

Ban Ki-moon afirmó que no podemos negociar con la naturaleza, y que corresponde a los seres humanos adaptarse. Repitió su frase de que no hay un plan B, porque no tenemos un planeta B. Insistió en que se requieren acciones urgentes para lograr la reducción de emisiones y la neutralidad de carbono para frenar el cambio climático, acompañado de mayor inversión en la economía verde, fortalecimiento de la resiliencia y la asistencia internacional para enfrentar los cambios.

Al anunciar algunos de los compromisos sobre propuestas y declaraciones emitidas aquí –desde frenar la deforestación hasta reducir las emisiones del sector de hidrocarburos y fondos prometidos que apoyen a países en desarrollo para reducir emisiones–, Ban subrayó que estos anuncios demuestran cómo gobiernos, empresas y sociedad civil pueden trabajar juntos para reducir emisiones nocivas.

Pero esta cumbre fue rodeada por las tensiones prevalecientes entre norte y sur –expresadas explícitamente por los mandatarios de Brasil, Chile y Venezuela, entre otros–, que giran en torno a que los primeros son los más responsables del desastre anunciado, mientras los segundos son los que padecen y son más vulnerables a los efectos del cambio climático, además del debate incómodo sobre si el problema se puede abordar en un esquema en el que las principales empresas petroleras, mineras y agrarias siguen imponiendo sus intereses sobre los del planeta, y la historia ya larga de listas de buenos deseos, pero en gran medida incumplidos por las cúpulas políticas.

Aunque varios mandatarios de las principales potencias y economías estaban aquí, entre ellos el del segundo país contaminante, Estados Unidos, fue notable la ausencia (estaban representados por subordinados) de los jefes de Estado de China e India, los países número uno y tres entre los que más contribuyen al deterioro climático.

La cumbre no estaba diseñada para producir un acuerdo concreto, sino más bien para expresar intenciones, propuestas de acciones y posibles compromisos: todo para fomentar lo que se espera será un nuevo acuerdo global cuando la comunidad internacional se reúna en París el año entrante.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró que “de todos los desafíos inmediatos que nos reunimos para abordar esta semana –terrorismo, inestabilidad, desigualdad y enfermedad–, sólo hay uno que definirá los perfiles de este siglo de manera más dramática que cualquier otro, y ese es la amenaza urgente y creciente de un clima cambiante”.

Prometió que su país creará nuevos y ambiciosos objetivos para reducir emisiones, continuando y acelerando los que se han puesto en marcha. Señaló que su país, en los ocho años recientes, ha reducido su contaminación de carbono más que cualquier otra nación del mundo, y que Washington otorga asistencia a más de 120 países para lograr disminuir emisiones.

Expresó, con tintes paternalistas, que Estados Unidos está dispuesto a ser líder en este esfuerzo, llamando a que todos los países se sumen a nosotros en esta lucha. Subrayó que sólo podemos tener éxito en combatir el cambio climático si se suma a este esfuerzo cada nación, desarrollada y en vías de desarrollo.