¿Transgénicos orgánicos con certificación industrial?

Por Kora Menegoz*, Verdeseo, junio de 2013

La falta de conocimiento sobre los distintos sistemas agrícolas y sus impactos sobre la salud humana y el medio ambiente en Chile es enorme, incluso entre los intelectuales del sector: agrónomos y ecólogos.

Existe una confusión entre los términos agricultura orgánica, agricultura convencional y  transgénicos (los Organismos Genéticamente Modificados, OGM). Gran parte de los chilenos todavía no relaciona las aplicaciones masivas de agroquímicos a las epidemias de cáncer, enfermedades neurodegenerativas y problemas hormonales, sin hablar de las consecuencias para el medio ambiente. El consumidor chileno se preocupa poco de la calidad y sanidad de sus alimentos. Y el gobierno, seducido por multinacionales como Monsanto, Bayer o Syngenta, fomenta esta desinformación.

El sistema agrícola que más fuertemente se desarrolla en Chile hoy en día es un sistema de agricultura intensivo en uso de agroquímicos herbicidas, insecticidas y abonos químicos (ver, por ejemplo, las numerosas publicidades a lo largo de la carretera hacia el sur de Chile). Las granjas son poco diversificadas y casi no integran la preservación de los ecosistemas.

En Chile, el cultivo de semillas transgénicas está autorizado para la exportación. Pero ¿qué es exactamente un organismo genéticamente modificado (OGM)?

Es un organismo vivo que ha sido creado artificialmente por los humanos mediante la manipulación de sus genes para otorgarle ciertas propiedades que no tenía naturalmente. Estos nuevos organismos están patentados por las empresas que los crean. Las cuatro principales áreas de aplicación de esta tecnología son: investigación básica, aplicaciones medicinales, uso industrial y usos agrícolas. Cultivado en un campo abierto, el cultivo de OGM lleva inevitablemente a la propagación de sus genes en el medio ambiente y su introducción en la cadena alimentaria. Los OGM agrícolas que existen hoy en día son principalmente plantas resistentes a un herbicida, el “RoundUp” de la empresa Monsanto; plantas que producen insecticidas (el insecto muere si se come la planta) como el “maíz Bt” y el “algodón Bt”; y plantas que combinan ambas características.

Los riesgos supuestos y confirmados atribuidos a los OGM son diversos, y hay que tener conciencia de que no se sabe mucho, es decir, prima la incertidumbre respecto de las acciones realizadas en este ámbito. En pocas palabras, las multinacionales están utilizando nuestro planeta y sus habitantes como laboratorio a gran escala. Las evaluaciones de riesgo no son publicadas o tienen resultados estadísticamente poco fiables, ya que son realizadas por las mismas multinacionales en periodos muy cortos. Por un lado, los riesgos para los humanos que han sido identificados son aquellos que están vinculados con los pesticidas que absorben o que producen las plantas, el aumento de la resistencia a los antibióticos, el cáncer y los efectos alergénicos (ver el siguiente artículo académico, la siguiente noticia sobre Monsanto en Francia y esta nota sobre relación entre fumigaciones y cáncer para más información).

Por otro lado, existen riesgos ambientales como la contaminación invisible: en el campo, los transgénicos son una forma de contaminación genética viva, puesto que el polen y las semillas se dispersan libremente, repartiendo su genética en el medio, genética que muchas veces puede competir de manera desigual con las especies silvestres. Otro riesgo es la aparición de plantas resistentes a los herbicidas (muy común) e insectos insensibles a los insecticidas secretados por el OGM, además de la desaparición de insectos útiles como las abejas debido al uso indiscriminado de insecticidas, con efectos en cascada sobre los ecosistemas.

Además, es importante tener claro que el objetivo de estas multinacionales es controlar la producción de alimentos a través de las semillas. Patentando las especies vegetales y comprando poco a poco las empresas de semillas locales, estas empresas acaparan los recursos alimenticios del planeta. Asimismo, logran seducir con dinero y con una imagen de “tecnología de punta” a centros de investigación y de formación de futuros agrónomos, como fue el caso en Chile cuando Monsanto firmó un convenio con la Universidad Católica en 2010 para poder formar allí sus futuros servidores.

Los cuatro cultivos transgénicos más importantes son la soja, el maíz, el algodón y la canola; cultivados principalmente en Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. Hasta ahora, Europa sigue resistiendo a este tipo de cultivos. En Chile se pueden cultivar OGM únicamente para exportación, sin embargo son omnipresentes en nuestras mesas (soya y maíz, ingredientes o aditivos derivados, e indirectamente en la carne de animales alimentados con maíz y soya OGM). Las regulaciones chilenas no imponen el etiquetaje de los alimentos que contienen OGM, pero existen listas de alimentos con y sin OGM (ver esta guía de RAP-Chile y esta publicación de Greenpeace).

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