TLCAN 20 años después: «Celebrando» la dependencia mexicana del maíz extranjero

Por Ercilia Sahores, Via Orgánica AC

Los primeros dos días del mes de septiembre, cientos de personas se reunieron en Ciudad de México, desafiando las lluvias y la perspectiva de un metro y un metrobús repleto, para asistir al Seminario Internacional Subordinación de México bajo Estados Unidos en el marco del Tratado de libre Comercio.

El seminario, organizado por el Tribunal Permanente de los Pueblos y la Facultad de Economía de la UNAM, entre otros, efectivamente nucleó a cientos de personas, a tal punto que debieron añadirse nuevas aulas al salón de conferencias principal, con proyectores mostrando en vivo las disertaciones.

Vía Orgánica asistió a varias de las presentaciones, entre ellas Destrucción/Reestructuración de la agricultura por el TLCAN.

Los expositores fueron Luis Hernández Navarro, de La Jornada, Ana de Ita, del Centro de Estudios por el cambio en el Campo Mexicano y Silvia Ribeiro, integrante del grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC).

Las dos horas de la charla fueron sumamente ricas, con panelistas con mucho conocimiento y datos, que intentaron en una carrera contrarreloj condensar un cúmulo de información sobre los efectos que la celebración y posterior implementación del TLCAN (1992 y 1994, respectivamente) tuvieron sobre el agro mexicano.

Desde una perspectiva de periodismo de investigación, con conocimiento de los entretelones previos a la firma del TLCAN y sus efectos en términos de favores políticos y reducciones de aranceles, Luis Hernández Navarro hizo una muy interesante semblanza de los vicios y corrupciones creados y reafirmados a través del TLCAN.

Ana de Ita brindó datos contundentes sobre la actividad de dumping realizada en forma sistemática por el gobierno mexicano desde 1996, a través del cual se eliminó la protección que había sido acordada hacia el maíz (que fue clave para permitir la firma del TLCAN) y que favoreció de esta manera, vendiendo maíz en México a precios inferiores a los fijados en el mercado estadounidense, a las grandes comercializadoras trasnacionales, como Cargill, Archer Daniels Midland,Maseca o Minsa.

Silvia Ribeiro, en una presentación muy complementaria a la de Ana de Ita, detalló la génesis del TLCAN a través de la revolución verde.

En términos de Silvia, la “revolución” verde es un mito enorme, que prometiendo crear muchos más alimentos a través de los híbridos y generando así mayor producción por hectárea, promovió el trigo y maíz mejorado en México y el arroz en Filipinas entre la década del cuarenta y el cincuenta. La revolución verde, que cronológicamente sería la madre de la revolución genética de la década del noventa, se instala en 1943 en México a través de una iniciativa de la Fundación Rockefeller y bajo el Centro Internacional del Mejoramiento de Maíz y Trigo (cimmyt) con el aporte de Norman Bourlag, promotor de la revolución verde, Premio Nobel de la paz, quien vivió y trabajó durante muchos años en México.

La revolución verde- continúa Ribeiro- dio los primeros pasos al permitir a las corporaciones entrar al mercado local que antes estaba descentralizado y en manos de pequeños productores, y produciendo una concentración tal que en el término de 35 años, según estudios del Grupo ETC al cual Ribeiro pertenece, se ha pasado de 7 mil empresas semilleras en el mundo a una concentración en la cual actualmente las 10 empresas trasnacionales más grandes poseen el 76 % del mercado mundial. De esas 10, hay 6 que son las más grandes en ventas de agrotóxicos, como Monsanto, Dupont, Bayer, Syngenta y Basf.

Este mes, en el que celebramos la independencia mexicana y reflexionamos acerca de las dos décadas de la firma del TLCAN, es importante que como consumidores reconzcamos que la forma en que consumimos es un acto político. Cada vez que compramos productos elaborados con

maíz mexicano, apoyamos la independencia mexicana.