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Bimbo España Elimina Transgénicos (en México, no)

El Poder del Consumidor, 12 agosto 2009.

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La empresa Bimbo España acaba de anunciar que dejará de utilizar ingredientes transgénicos en sus productos. En contraste, Bimbo México se niega a que las etiquetas de sus productos informen a los consumidores cuál es el contenido de organismos genéticamente modificados (OGM). Así lo expresaron Greenpeace y El Poder del Consumidor.

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Antiguas Técnicas Indígenas para Salvar al Campo

Por Jesús Ibarra

Atención San Miguel, 14 Agosto, 2009

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México está perdiendo a sus campesinos ante a los cambios climáticos y ante la agricultura industrializada. Son pobres y no tienen dinero para invertir en maquinaria, semilla, fertilizantes y pesticidas para sus cultivos.

Muchos abandonan su tierra, arruinada por químicos, la erosión o la desertificación, para buscar una vida mejor en las grandes ciudades tanto en México como en Estados Unidos. Esta es la triste realidad de la Mixteca, en el empobrecido estado de Oaxaca, al norte de la ciudad capital del estado, habitada por indígenas herederos de la antigua cultura Mixteca. Según la ONU, esta región tiene uno de los índices de erosión más altos en el mundo, y un 83 por ciento de la tierra ya no es arable.

“Cuando un campesino deja su parcela para convertirse en obrero, es un cambio dramático y terrible,” dice Jesús León Santos, líder campesino y ambientalista, originario de Tilantongo, Oaxaca, quien trabaja para mejorar la tierra de la Mixteca con un programa a base de antiguas técnicas indígenas e implementando un programa de agricultura sustentable para las familias campesinas de la región. “Estamos realmente preocupados porque toda la tradición y conocimiento del campo mexicano se está perdiendo. Sólo se está quedando la gente anciana, y no habrá herederos para todo este conocimiento que ha pasado de generación en generación entre las comunidades indígenas”.

León visitó San Miguel de Allende para participar en el primer taller en agricultura orgánica, que se llevó a cabo el 8 de agosto, en el Rancho Vía Orgánica. Además de ofrecer una plática en el taller, León visitó algunas comunidades rurales en el área para escuchar los problemas de los campesinos y compartir sus experiencias con ellos. Recientemente, fue galardonado con el Premio Ambiental Goldman por sus esfuerzos para proteger el ambiente.

Salvando la tierra a la manera prehispánica

En los 80, un grupo de refugiados guatemaltecos llegaron a Oaxaca cuando las condiciones sociales y políticas en su país se volvieron inestables. Desde hacía diez años, los guatemaltecos habían desarrollado un sistema agrícola de producción basado en principios orgánicos y conocimiento nativo. “Gente que había participado en estos programas salieron de Guatemala durante la crisis y llegaron a nuestra región, comenzando a capacitar a la gente con su técnicas. Yo fui uno de los que recibieron esas capacitaciones,” relata León. “Más tarde creamos todo un movimiento con gente interesada en cuidar el ambiente y en agricultura sustentable, y fundamos el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca, CEDICAM”.

Según León, el principal objetivo de CEDICAM es rescatar las tierras erosionadas y convertirlas en suelo fértil y productivo. “La Mixteca es un área muy erosionada, pero estamos desarrollando técnicas basadas en zanjas, que llamamos acequias de laderas, para retener el agua y evitar la erosión”. Es este un sistema muy antiguo que era usado para regar los cultivos durante la época prehispánica. El conocimiento de este sistema casi se había perdido, pero ahora, dice León, es ampliamente aceptado en el área e instituciones gubernamentales como SEMARNAT (Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales), lo están actualmente promoviendo. En la zona de la Mixteca, casi el 80 por ciento del agua de lluvia se pierde por escurrimiento sin que se filtre en el suelo. Se ha demostrado que cinco kilómetros de zanja pueden capturar 800,000 litros de agua durante un aguacero torrencial. León y CEDICAM han trabajado con campesinos locales para construir cientos de kilómetros de zanja en la zona.

Semillas nativas; campesinos a sus parcelas

Para León, es de gran importancia que las familias en el campo tengan suficiente que comer. Para lograr esto, deben trabajar su propia tierra y producir su propio alimento. “Al principio de los 50, la tendencia era desarrollar sistemas modernos de producción agrícola,” comenta León. “Puesto que los sistemas tradicionales no estaban produciendo como deberían, el conocimiento de los indígenas y campesinos fue reemplazado por tecnología. Esto ocasionó una gran dependencia en fertilizantes y conocimientos externos, lo que hace a las comunidades rurales más vulnerables.

Durante los 80, en un intento por mejorar sus cosechas, los campesinos mixtecos empezaron a sembrar variedades de maíz que requería un uso intensivo de fertilizantes y pesticidas. Después de que el Tratado de Libre Comercio entró en vigor, se cayó el precio del maíz y los campesinos no pudieron seguir afrontando los gastos de los químicos. Ante las pobres cosechas y la tierra degradada, miles de ellos abandonaron sus tierras.

León y CEDICAM se enfocan actualmente en el desarrollo de un sistema de agricultura integral llamado “sistema de milpa”. “También es un antiguo sistema usado por los antiguos mixtecas,” comenta León. “Hoy está casi olvidado pues ha sido reemplazado por sistemas de monocultivo –sólo un cultivo en el campo”. León explicó que el sistema de milpa combina deferentes cultivos como maíz, frijol, calabaza, y hierbas silvestres comestibles, en el mismo campo. “Este sistema podrá no producir las ocho toneladas por hectárea que produciría un campo de monocultivo en Sinaloa, con una gran inversión de químicos y maquinaria, pero le dará al campesino 1,800 kilos de maíz para su familia y sus animales. Le proveerá además de otros alimentos como frijol, calabaza o cualquier otra cosa que haya sembrado en su parcela, sin una gran inversión, usando sólo abonos verdes y semillas nativas, y probablemente les quede un excedente para vender”.

León dice que “hay una tendencia en contra de las semillas nativas, a pesar de que durante siglos nos han provisto de comida y se han venido adaptado al clima local. De repente, queremos reemplazarlas con semillas genéticamente modificadas de las que no sabemos lo suficiente. Esto preocupa no sólo a los campesinos y agricultores sino también a los consumidores. Son los consumidores quienes deben de exigir el uso de estas semillas nativas. Además de ofrecer un mejor sabor, ayudar a mantener la cultura, tradición y el antiguo conocimiento campesino vivos.”

No fue fácil para León convencer a la gente de usar este sistema. “Es complicado cambiar de un sistema basado en químicos a un sistema natural. No podemos dejar de usar los fertilizantes de un solo golpe. Tiene que hacerse poco a poco, reduciendo los fertilizantes químicos e incrementando los abonos verdes, y así no se afectará la producción drásticamente. La gente vive de sus parcelas; si los forzamos a cambiar drásticamente de un sistema a otro, pueden sufrir bajas severas en su producción y desmotivarse. El cambio debe de ser gradual”.

Actualmente, León trabaja regularmente con 12 comunidades rurales en Oaxaca y esporádicamente con otras 30, ayudando a 700 familias.

Maíz Criollo Orgánico

Por Emanuel Gómez
La Jornada del Campo Numero 23
Chiapas

Cada año Chiapas ocupa el tercer o cuarto lugar como productor de maíz de México, el primero o segundo en riqueza biológica, hídrica y patrimonio cultural. Tierra rica y pueblo pobre: las condiciones de explotación, los programas de ganaderización y desmonte del trópico húmedo, la urbanización cada vez más acelerada y la explotación desmedida de sus recursos han llevado a la tierra de los antiguos pueblos del maíz a ocupar cada año, desde hace décadas, el primero o segundo lugar en pobreza extrema, desastres ambientales, conflictos políticos y, recientemente, expulsión de población migrante.

Doscientas mil familias integradas por cinco a diez hijos por mujer en edad fértil dependen del maíz de autoconsumo, de la madera de monte para cocinar, de los ríos ­regados por plaguicidas y drenaje­ para abastecerse de agua, todos los días. La tierra resulta ser insuficiente: una hectárea por familia en promedio, donde se siembra maíz, frijol, calabaza con el sistema tradicional milpa, que desde hace siglos, y pesea las políticas de liberación comercial, sigue siendo base de la economía campesina y fuente de diversidad biológica local.

La milpa en riesgo.

Ante la reducción de bosques y selvas, se calcula que en menos de 30 años (una generación) los únicos ecosistemas que sobrevivan serán las unidades de producción campesina: las milpas, los cafetales y potreros, pero el uso indiscriminado de fertilizantes, plaguicidas, herbicidas, semillas híbridas y ahora transgénicas hace evidente que estos agroecosistemas también están en un deterioro acelerado. El sistema milpa, subsidiado por programas como Maíz Solidario y Alianza para el Campo con paquetes tecnológicos de fertilizantes, herbicidas y semillas híbridas, requiere su transformación a la producción orgánica de semillas criollas. Las semillas híbridas hacen dependiente al campesino de las empresas y de los programas que les surten este insumo. Incluso con el Programa Especial de Seguridad Alimentaria (PESA), se promueve la distribución de semillas híbridas de /Quality Production Maize /(QPM), que los campesinos aceptan sin saber que si estos granos reemplazan las semillas criollas o nativas, aumentan los costos de producción y la dependencia de empresas o programas de gobierno que les regalen las semillas. Es tan absurdo como pensar en sustituir agua por refrescos, y regalar el popote.

Estrategia orgánica.

Ante este escenario, los productores de regiones indígenas como Los Altos, Fronteriza, Selva y Sierra Madre de Chiapas han promovido desde 2003 la transición del autoconsumo a la agricultura orgánica. La base es el reconocimiento del trabajo campesino de selección de semillas, conocido técnicamente como fitomejoramiento y sistematizado como metodología por técnicos del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas de Cuba (INCA) con el nombre de fitomejoramiento participativo. La Red Maíz Criollo, integrada por organizaciones de productores de todo el estado, ha impulsado desde 2007 que l programa Maíz Solidario se transforme de ser un esquema de distribución de agroquímicos a ser parte del proceso de transición a la agricultura orgánica y se articule con otros programas en una estrategia integral sintetizada en el documento ³Iniciativa popular maíz criollo Chiapas², entregada a las dependencias de gobierno en marzo de 2008 y respaldada por más de 20 organizaciones y seis mil 500 campesinos.

La propuesta técnica de la Red Maíz Criollo, aprobada por la Secretaría del Campo (Secam) desde 2008 como opción orgánica de Maíz Solidario, se basa en la sustitución de fertilizantes químicos por abonos orgánicos comerciales derivados de algas marinas, humus de lombriz, bacterias como a /zospyrillum /y micorrizas como /rizodium/. Así como la aplicación de abonos producidos por los campesinos con base en excrementos de todo tipo de animales (cerdos, gallinas, borregos, caballos, vacas, murciélagos, hormigas), compostas de residuos vegetales, cal y cenizas, abonos verdes (frijol, nescafé o terciopelo, leguminosas, hierbas del terreno, alfalfa y chaya).

Presupuestos pendientes.

Este proceso ha sido avalado por investigadores de Ecosur, CIESAS, INIFAP, Chapingo, UAM, UNACH y por funcionarios de Secam, Sepi, Banchiapas, Semarnat, CONANP, SNICS-Sagarpa, CDI, así como por comisiones legislativas, pequeños empresarios de abonos orgánicos y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y se conoce en las comunidades indígenas como ³el proyecto de maíz criollo orgánico², sin que se traduzca en una política pública con recursos etiquetados desde el Congreso, por lo que sigue siendo un proceso piloto.

La producción de semillas resulta ser la primera revolución tecnológica, tan antigua como el descubrimiento de la rueda, y sin embargo, sigue sin ser valorada: año con año los campesinos seleccionan el maíz por color, tamaño, textura y lo vuelven a sembrar, garantizando así la agrobiodiversidad, sin que esto sea reconocido por su trabajo. Hay serias dificultades institucionales, particularmente entre técnicos y funcionarios de la vieja escuela de la Revolución Verde , para reconocer el valor de las semillas criollas y la producción orgánica de abonos. Pero no queda otra salida: las crisis ambiental, alimentaria, energética y financiera actual tienen un factor común en la aplicación de agroquímicos: contaminan suelos, bosques y aguas, liberan gases de efecto invernadero, dependen de la petroquímica para su producción y soncada vez más costosos pues con la privatización de Fertimex, el Estado perdió su soberanía en la producción de insumos y ahora requiere importarlos de Ucrania, cuando entre los campesinos hay infinidad de experiencias en aprovechamiento de recursos y una demanda creciente por generación de empleos.

La pobreza es otro factor estructural que dificulta este proceso: se requiere capacitación, organización, transporte a lomo de /mecapal /por caminos intransitables, inversión en obras para construcción de aboneras, centros de acopio regionales, mochilas nuevas para aplicar los abonos líquidos, programas de control de la erosión, diversificación de la milpa tradicional, ferias de semillas criollas, cambios institucionales, alianza con pequeños empresarios honestos, organizaciones de la sociedad civil de nueva generación y visión de largo plazo. Y sin embargo, se mueve.

¡Urgente, cuidado con el arroz!

Por Sofia Rodríguez Mera www.greenpeace.org/mexico/
domingo 26 de abril de 2009, 13:22


Activistas de Greenpeace, con los ojos vendados, comen arroz ante la Secretaría de Salud, en protesta porque esta dependencia no informa qué clase de arroz está entrando a México procedente de Estados Unidos, luego del escándalo de contaminación transgénica del grano estadounidense.

El arroz que está llegando a nuestras mesas no está autorizado para consumo humano. Es parte de un experimento que se salió de control en los Estados Unidos.

En agosto de 2006, el gobierno estadounidense reconoció que sus cargamentos de arroz estaban contaminados con un transgénico no apto para consumo humano que ‘se fugó’ de campos experimentales. Aunque rápidamente las autoridades de Estados Unidos ‘autorizaron’ este transgénico, no pudieron evitar la cancelación de compras de arroz estadounidense por parte de Japón y de los 25 países de la Unión Europea. Esto provocó el desplome de los precios de este cereal.

Desde el primer momento, Greenpeace ha solicitado al gobierno mexicano acciones urgentes, pues en el mundo México es el principal comprador de arroz estadounidense. Se estima que 70 % del arroz que comen los mexicanos proviene de Estados Unidos, por lo que el riesgo de que estemos comiendo el arroz contaminado es muy alto.

En agosto y septiembre pasados, la Comisión Federal de Prevención contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) de la Secretaría de Salud tomó muestras del arroz importado para enviarlas a laboratorio y analizarlas. Sorpresivamente, no ha querido informar los resultados de estos análisis.

Aunque el gobierno mexicano ha decidido guardar silencio sobre este problema, es necesario que toda la gente se entere de esta situación que amenaza la salud de los mexicanos. Tú puedes ayudarnos difundiendo esta información entre tus amigos y familiares.

En este momento SÓLO ES SEGURO comer el arroz que porta el sello del Consejo Mexicano del Arroz, pues este cereal es producido en México y está libre de la contaminación. Difunde esta información y sigue de cerca nuestras actividades para exigir que las autoridades informen a la ciudadanía y protejan de manera efectiva la salud de los mexicanos.

El gobierno oculta riesgos sobre el arroz estadounidense y SAGARPA no le da importación de arroz transgénico ilegal

Soriana, Chedrahui y Central de Abastos venden arroz contaminado.

Reenvía este correo a un familiar o amigo, ellos también pueden ciberactuar. Al convertirte en ciberactivista actúas en la protección del medio ambiente desde cualquier lugar y a cualquier hora, a través de tu computadora.

Dra. María Cristina Saldaña Fernández Profesora Investigadora Centro de Educación Ambiental e Investigación Sierra de Huautla (CEAMISH), UAEM Av. Universidad 1001, Colonia Chamilpa, Cuernavaca Morelos, C.P. 62210, tel/fax (777) 3 29 70 19