Sequía: falta lo peor

Por Iván Restrepo, La Jornada, 13 de mayo de 2013

El país sufre ahora no solamente los efectos de la sequía, sino también de los incendios. Cuando estos últimos apenas comenzaban, algunos funcionarios reconocieron la falta de coordinación que ha existido entre las instancias oficiales para cuidar y utilizar racionalmente bosques y sel­vas. El nuevo director de la Comisión Nacional Forestal, Jorge Rescala Pérez, sostuvo en marzo pasado que hay diferencias de criterio entre la secretaría federal del medio ambiente y la instancia responsable del sector forestal.

Esto en parte explica por qué el país es cada vez menos autosuficiente en la producción de madera y depende más del mercado externo. Rescala Pérez estima que la mejor forma de conservar el bosque es logrando que las comunidades que los poseen se beneficien económicamente de ellos, utilizándolos en forma sustentable. Y no únicamente cuidándolo. Sustentabilidad, apoyo a las comunidades campesinas fueron programas muy citados por los funcionarios de la docena trágica. Los frutos están a la vista.

Como lo está también la falta de previsión que tuvieron para adelantar medidas que permitieran sortear con mayor éxito los meses de sequía. Desde el año pasado, cuando no llovió lo suficiente en la mayor parte del país para llenar las presas y recargar los acuíferos, se dijo que 2013 sería todavía más seco. También en Estados Unidos, donde llevan tres años de lluvias insuficientes, lo que ha afectado especialmente la producción agropecuaria, elevando los precios internacionales de cosechas con demanda mundial, como la de maíz.

Era entonces momento de poner en marcha medidas para que el agua no faltara aún más a millones de personas en el campo y las ciudades. Y para echar a caminar programas de emergencia para las zonas agropecuarias más afectadas por la falta de líquido. No se hizo así y ahora las nuevas autoridades tienen que enfrentar las carencias de agua lo mismo en el campo que en las poblaciones.

De la gravedad de la situación hablan las ciudades que apenas ayer presumían de tener asegurado el abasto de líquido para el largo plazo. Como Monterrey y su área conurbada. Ya no digamos Guadalajara o San Luis Potosí, donde muchas colonias reciben el agua bajo el sistema de tandeo para cubrir las necesidades mínimas de miles de familias. En el campo la situación es todavía más desesperada. Con el agravante de que los embalses de las presas del país se encuentran a su nivel más bajo en muchos años, fruto de la acumulación de faltantes. De ese abatimiento de los niveles de almacenamiento no se salva Cutzamala.

Tampoco el lago de Cha­pala, donde la extracción de líquido para surtir a Guadalajara tiene al lago en estado crítico. Esto demuestra que no se cumplieron los programas anunciados en años anteriores y en los que se prometió recargar dicho embalse y no extraerle líquido más allá de lo recomendable en términos de sustentabilidad.

Se agrava la falta de agua en las principales ciudades y carecen más de ella colonias que se distinguen por disponer de poca, fenómeno que se observa igual en la ciudad de México que en Tijuana, Puebla, León, Oaxaca, Zacatecas o Acapulco. No la tienen 13 poblados de Coyuca de Benítez y Acapulco porque habitantes de otra localidad rompieron el acueducto que surtía el líquido. Los nuevos responsables de administrar racional y sustentablemente los recursos hídricos del país reconocen que recibieron de las anteriores autoridades un sector plagado de problemas. No será tarea fácil resolverlos.

Comenzando por tomar medidas que impidan el mal uso del agua en ciertas áreas del sector agropecuario y en las ciudades; evitar su contaminación y la sobrexplotación de los acuíferos. Y falta lo peor de la sequía.

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