Para mejorar la producción del grano, Amatengo impulsa el Banco de semillas

Por Huguet Cuevas, Noticias Net, octubre de 2013

Por generaciones conservan el maíz

Don Joel Colmenares Ortega es un anciano de más de 70 años que todavía luce «tlayudo», fuerte, de buen temple. Presume un rostro chapeado por los intensos rayos del sol, que no logra cubrir su inseparable sombrero de palma; el septuagenario hombre reserva un poco de su tiempo para beberse un trago de mezcal mientras se refresca bajo la sombra.

Hunde los huaraches de cuero entre tierra suelta, pero él permanece perfectamente limpio y presentable: camisa y pantalón caqui lo visten.

Familia de longevos 

El hombre que ha dedicado toda su vida al trabajo de campo, exhibe un peculiar sentido del humor que salta a la vista, bromea cual si fuese un muchacho de 20 años, mientras afirma que no le gustaría llegar a los cien años, pero sostiene «que eso es lo más seguro».

«¡Huy, en mi familia vivimos mucho! Figúrese que mis abuelitos alcanzaron los cien años, hasta más… yo creo que fue por la alimentación; antes no había de esas cosas que hay ahorita y que tienen tanto químico!» señaló.

Don Joel es agricultor. Cuando tenía 18 o 19 años escuchó por primera vez la palabra «químico» o «fertilizante», asegura. «Yo todavía me logré con pura salud de la tierra y ahora los chamacos nacen hasta sin dientes por tanto químico!», asevera. Dice que antes no se fumigaba para nada y el alimento sabía mejor.

Impulsan alimentos saludables

Hasta entonces, todo lo que plantaba y comía era orgánico. No había necesidad de acelerar el crecimiento de las milpas o crear «híbridos» y cuando se llevaba a la boca un plato de frijoles y un atole, no tenía duda alguna de que ése era un alimento saludable.

Pero en la actualidad todo es diferente, asegura.

«Ahora ya están entrando muchos maíces transgénicos y para nosotros que somos originarios de este pueblo, es una preocupación saber qué sucederá con nuestros granos criollos», asevera.

Aquí, en San Agustín Amatengo, un grupo de campesinos, preocupado por la falta de productividad del campo y por la conservación de sus semillas criollas, impulsan desde hace tres años un banco comunitario de semillas.

Proyecto comunitario

Abel Jiménez Mendoza, quien ocupó el cargo de presidente del Comisariado Ejidal hasta hace unos días, comenta que este proyecto inició hace tres años. Señala que el banco comunitario de semillas surgió a raíz de la preocupación de los productores por conservar y tener con qué afrontar la sequía en esta zona. «Queríamos guardar parte de nuestro patrimonio, y precisamente lo que nos estaba haciendo mucho ruido es el hecho de que muchos campesinos no poseen diversidad del grano», indica.

El propósito de este banco de semillas es evitar que sus maíces se contaminen con transgénicos o híbridos, señala Jiménez Mendoza.

El ejidatario explica que para iniciar este programa se convocó a todos los ejidatarios para que se integraran a este grupo de personas y juntos nutrieran y construyeran el proyecto.

Trabas burocráticas

Comenta que lo que hace falta es el apoyo institucional. Su queja se suma al de cientos de productores que aseguran que los trámites burocráticos para acceder a programas sociales son sumamente difíciles.

Aquí, las transacciones no son económicas, sino en especie. Es decir, se intercambian granos de diferentes razas de maíz, frijol o calabaza.

«Si un productor no tiene determinada semilla, puede ir con otro de los compañeros que sí tiene ese grano para que se lo venda; la idea es intercambiar, reproducir», asevera.

Asesorados y capacitados por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), los 60 agricultores participantes también deben comprometerse a realizar varias cosas, entre ellas, asistir a los talleres y reuniones que convoque la institución, además de mantener trabajando sus tierras.

El banco de semillas

«Aquí, nadie maneja dinero; toda la transacción es en semillas. Solamente en eso, tratamos de organizarnos para hacer tequio y mantener limpio el lugar», señala Jiménez Mendoza.

El banco comunitario de semillas está ubicado de forma permanente en las oficinas del Comisariado de Bienes Comunales, sin embargo, de manera provisional y debido al proceso de renovación de semilla, se encuentra instalado en un domicilio particular ubicado en la calle Vicente Guerrero en el barrio de La Soledad.