Nueva Ciencia Destruye el Mito de las Grasas Saturadas

Por el Dr. Mercola, 3 de agosto de 2014

El mito nutricional de que las grasas saturadas son malas para usted continúa desmoronándose ya que cada vez hay más libros nuevos y estudios científicos sobre este tema atacando a los medios de comunicación. El último trabajo que desafía el viejo dogma es un libro llamado «The Big Fat Surprise» por la periodista Nina Teicholz, cuya entrevista se encuentra en la parte de arriba.

Su libro viene de la mano con una nueva investigación que siembra dudas sobre la creencia largamente sostenida pero falsa de que las enfermedades cardíacas están relacionadas con el consumo de grasas y colesterol.

Teicholz señala las fallas en el estudio original de Ancel Keys, cómo las grasas saturadas han sido un alimento básico saludable durante miles de años y cómo la moda de alimentos bajos en grasa ha dado como resultado el consumo excesivo de carbohidratos refinados, que a su vez ha dado como resultado un aumento de inflamación y enfermedades.1 Teicholz le dijo a Wall Street Journal:2

«Jamás ha existido evidencia sólida para la idea de que estas grasas [saturadas] causen enfermedades. Sólo creemos que este es el caso porque durante el último medio siglo las políticas de nutrición han sido influenciadas por una mezcla de ambición personal, mala ciencia, políticas y sesgos.»

¿Estaremos Viendo la Caída del Mito del Colesterol en Términos Científicos?

El mito del colesterol ha sufrido un triple golpe en los últimos tiempos, haciendo las cosas más y más difíciles para los especialistas del corazón y su intento por mantener la línea de la compañía. Esta información es la más reciente de una gran cantidad de literatura científica que intenta acabar con la fobia por las grasas saturadas.

  1. En el 2012, los investigadores de la Universidad de Noruega de Ciencia y Tecnología, examinaron los hábitos de salud y de estilo de vida de más de 52,000 adultos de entre 20 y 74 años de edad y concluyeron que las mujeres con «colesterol alto» (mayor a 270 mg/dl) tuvieron un riesgo de mortalidad del 28 por ciento menor en comparación con las mujeres con «colesterol bajo» (menor a 183 mg/dl).

Los investigadores también encontraron que, en el caso de las mujeres, el riesgo de enfermedades cardíacas, paro cardíaco y derrame cerebral, es mayor cuando se tiene bajos niveles de colesterol.3

  1. En el 2013, un destacado cardiólogo de Londres, Aseem Malhotra, argumentó para el British Medical Journal que se debería ignorar la recomendación de reducir el consumo de grasas saturadas porque en realidad eso aumenta el riesgo de obesidad y enfermedades cardíacas.4

 

  1. En marzo del 2014, un nuevo meta-análisis publicado en Annals of Internal Medicine, que utilizó información de casi 80 estudios y más de medio millón de personas, encontró que las personas que consumen mayores cantidades de grasas saturadas tienen menos probabilidades de sufrir de enfermedades cardíacas que las personas que consumen menos.

Tampoco encontraron menos enfermedades cardíacas entre las personas que consumen mayores cantidades de grasas insaturadas, incluyendo al aceite de olivo y aceite de maíz.5, 6

La Grasa Ha Sido Culpada Injustamente por los Crímenes del Azúcar

¿Qué es lo que los periodistas y los científicos saben que su médico no? Regresándonos unos cuarenta años o más, la grasa ha sido culpada injustamente por causar enfermedades cardíacas, cuando el verdadero culpable de esto es el azúcar.

Una alimentación rica en azúcar aumenta su riesgo de enfermedades cardíacas promoviendo el síndrome metabólico- uno grupo de distintivos de problemas de salud relacionados a la presión arterial alta, resistencia a la insulina y a la leptina, niveles elevados de triglicéridos, disfunción del hígado y acumulación de grasas visceral.

La resistencia a la insulina y leptina es causada por factores inherentes en nuestro estilo de vida moderno, incluyendo una alimentación rica en carbohidratos procesados, azúcar/fructosa, harinas refinadas y aceites de semilla industriales.

Para empeorar las cosas, la persona en Estados Unidos promedio no hace ejercicio de forma regular, sufre de estrés crónico y privación de sueño, está expuesto a toxinas ambientales y tiene una mala salud intestinal (disbiosis). Esta es la tormenta perfecta para las enfermedades crónicas.