La libertad de los pueblos para ejercer la crianza mutua con sus semillas

Por José Godoy y Ramón Vera Herrera, Revista Biodiversidad, sustento y culturas #125,  08/08/ 2025
“La complejidad del tramado de las semillas con la gente es entonces algo ontológico, además de un núcleo de saberes y una trama de prácticas, de labores, de miradas de largo plazo, y un sentido vital que otorgan los cultivos que se vuelven fundamentales en el entendimiento de un pueblo con el paso de los siglos”.

Es muy extraña la ceguera que nos cae encima como humanidad, en torno a las semillas. Mucha gente las vive como cosas. Incluso como seres vivientes, pero sin las enormes dimensiones que entrañan las semillas en su relación con los colectivos humanos.

La problemática de las semillas pasa desapercibida para la mayoría de la población que no guarda relación con la agricultura o los sistemas alimentarios. Incluso personas o empresas que se dedican a la agricultura comercial pueden no tener en sus consideraciones el complejo tejido de relaciones, de conversaciones entre las plantas y la gente, sus dimensiones de potencialidad y posibilidades, su eterna transformación, que las hace permanecer siglos o milenios y a la vez ser cambiantes por su relación con quienes las prodigan y las protegen. Eso crucial de las semillas y su profunda relación con los colectivos campesinos, sean indígenas, afrodescendientes, mestizos o criollos le da al asunto semillas una vastedad y una profundidad que no se agota en el compra o vende, planta/siembra, recupera y produce para volver a plantar. Ésa es la dimensión más básica de la relación visible entre semillas y poblaciones humanas. Pero hay muchas dimensiones y sutilezas que se escapan a la idea que de la agricultura se tiene en el mundo moderno y consumista.

Uno muy crucial es reconocer el papel preponderante de las mujeres en esas comunidades y su crianza mutua con las semillas, los territorios, los saberes y la soberanía alimentaria como fundamento de la vida. Y el paralelismo que a veces tiene el cuidado de las infancias, sobre toda antes de nacer, en todo el proceso de embarazo, el parto y luego la lactancia y la perinatología, y que hace que las conozcan como “cuidadoras de la vida que viene”.

La complejidad del tramado de las semillas con la gente es entonces algo ontológico, además de un núcleo de saberes y una trama de prácticas, de labores, de miradas de largo plazo, y un sentido vital que otorgan los cultivos que se vuelven fundamentales en el entendimiento de un pueblo con el paso de los siglos. Por eso con gran tino, Gianni Tognoni, del Tribunal Permanente de los Pueblos, les nombra “los pueblos de las semillas”, porque su vida desde el fondo de la historia se encauzó a cuidarlas y dejarse cuidar por ellas, y al hacerlo han sido un conducto arborescente de las potencialidades de la diversificación interminable, imparable que es la vida plena, la biodiversidad en toda su expansión.

Desde 2021, diversas organizaciones de la sociedad civil urbana y rural del mundo comenzamos la Campaña Stop UPOV con un llamado muy claro: frenar a UPOV: la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales.

La UPOV fue iniciada en 1961 por unos cuantos países europeos para permitir que se les concedieran derechos de propiedad intelectual, derechos de “obtentores de variedades”, a personas que se arrogaban estos derechos por haber intervenido de algún modo una “variedad”. Al imponerle derechos de propiedad intelectual, se establecía una suerte de monopolio sobre las semillas, paralela a las patentes. UPOV ha continuado su cruzada en pos del acaparamiento y la apropiación de “variedades” y uno de sus instrumentos más expresos ha sido recurrir a los tratados de comercio exigiendo a los países que adopten o imiten las normas de la UPOV. Es decir, UPOV es un régimen de normas, leyes y regulaciones que van instaurando los términos del Convenio UPOV. Su versión 1991, la más reciente, es también la más restrictiva al punto de criminalizar la siembra de alguna variedad que esté calificada de “protegida”.

La paradoja es que durante los primeros sesenta años del siglo XX, los acuerdos comerciales en torno a las semillas u otros materiales de propagación no requirieron de derechos de propiedad intelectual para funcionar. Pero la pujanza de las empresas y su colusión creciente con los gobiernos les hizo ambicionar más e instauran todo este tinglado de obstrucciones a lo que fue siempre algo natural.

En su campaña original, Stop UPOV declaró en su convocatoria: “Tras décadas de resistencia en diferentes partes del mundo, queremos proponer una semana de acción global contra UPOV comenzando el 2 de diciembre de 2021 cuando UPOV cumple 60 años, e incluyendo el 3 de diciembre, que es el día de lucha contra los agrotóxicos. El objetivo es llamar la atención sobre el papel que desempeña la UPOV en la privatización de las semillas y la amenaza que representa para la soberanía alimentaria, haciendo un llamado para exigir su desmantelamiento. Esto hará posible que los grupos aumenten su resistencia ante leyes de semillas nacionales o regionales, destacar los ejemplos de legislación de semillas a favor de los campesinos, sea cual sea la forma que adopten, y denunciar el papel de los acuerdos de libre comercio en su presión en pos de leyes de privatización de semillas en todo el planeta”.

La Campaña lleva cuatro años y lo que ha ido ocurriendo es un entendimiento mayor de lo que significa no sólo la privatización de las semillas sino lo que es la restricción creciente a la relación de los pueblos con sus semillas y todas las dimensiones que ya hemos nombrado, incluido su paralelismo con los procesos de la transformación continua del lenguaje.

Comenzamos a visibilizar qué ámbitos y bienes comunes, tejidos de muchos siglos de cuidados, están amenazados por los ataques que entrañan las privatizaciones: certificaciones, registros, patentes, derechos de obtentor, normas de inocuidad, leyes de comercialización, OGM, ediciones génicas y digitalización que busca sustituir la vida.

Esta claridad, mirar todas las maneras de restringir, coartar, frenar, invalidar, erosionar lo que son las semillas, nos arroja el horizonte de que la guerra contra la subsistencia, contra lo que hoy es la soberanía alimentaria, es real y atenta directamente contra la autonomía y libre determinación, caminos que reivindicamos plenamente, desde la soberanía alimentaria hasta la amplitud epistemológica y política de la autonomía de los pueblos.

El acompañamiento de la Campaña ha potenciado diferentes expresiones de lucha que tienen los grupos, las comunidades y organizaciones de todo el mundo en defensa de su propia visión y propias formas de protección comunitaria, colectiva y no privatizadora de las semillas, iniciativas autogestionarias de cultivo rural y urbano, promotoras de soberanía alimentaria en todos los ámbitos de la existencia.

Pese a la violencia estructural, los sistemas campesinos continúan ofreciendo lo que las cadenas industriales no pueden ofrecer: flexibilidad y diversidad. Sus prácticas situadas conservan los bosques, los suelos y el agua además de promover la infinita variedad de las semillas que permiten una agricultura campesina plena, cuya soberanía semillera nos defiende contra la incertidumbre y volatilidad de los climas, los estallidos de crisis epidémicas que la agroindustria, en cambio, magnifica por su vulnerabilidad.

Hay entonces una urgencia extrema en defender nuestra libertad de criarnos mutuamente con nuestros cultivos. Esta urgencia crece conforme la violencia se vuelve la moneda de cambio en tantas regiones del planeta.

Que el Tribunal Permanente de los Pueblos nos acompañe en la urgencia de defender la libertad de los pueblos en relación con sus semillas campesinas, indígenas, es crucial para visibilizar esta lucha y continuarla reflejados en un espejo fiel. Constatar que los poderes quieren erradicar esta crianza mutua entre pueblos y semillas nos resalta la violencia sistémica, que organiza a corporaciones, gobiernos e incluso organismos internacionales para el acaparamiento y la restricción que busca cercenar nuestra crianza mutua y deshabilitarnos, expulsarnos de nuestros territorios y destruir ámbitos sagrados y plenos que nos han mantenido vivos desde tiempos inmemoriales.

Trees — Not Grass and Other Greenery — Associated With Lower Heart Disease Risk in Cities

By Lisa Howard

(SACRAMENTO) A multi-institutional study led by the University of California, Davis, finds that living in urban areas with a higher percentage of visible trees is associated with a 4% decrease in cardiovascular disease. By comparison, living in urban areas with a higher percentage of grass was associated with a 6% increase in cardiovascular disease. Likewise, a higher rate of other types of green space, like bushes or shrubs, was associated with a 3% increase in cardiovascular disease.

The new research was published in Environmental Epidemiology.

“Our findings suggest public health interventions should prioritize the preservation and planting of tree canopies in neighborhoods,” said Peter James, first author of the study. James is an associate professor in the UC Davis Department of Public Health Sciences and director of the Center for Occupational and Environmental Health.

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Preschool Gardening Helps Young Children Eat Better and Stay Active

by Bianca Setionago

A new study published in Acta Psychologica suggests that getting young children involved in gardening at preschool may help them eat better, move more, and develop a stronger connection to nature, even over just a few months.

Gardening has long been seen as a calming and educational hobby for adults, but in recent years, educators and researchers have begun to explore its benefits for young children. With many children spending more time indoors, using screens, and eating processed foods, concerns have grown about declining physical activity and limited contact with the natural world. Schools and childcare centers are increasingly seen as important places to reintroduce nature-based learning.

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The 17 Healthiest Vegetables to Include in Your Diet (and the Ones You Shouldn’t Bother With)

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We all know vegetables are good for us, but they aren’t created equal. While they’re all a source of fibre – something the majority of us should be eating more of – as well as vitamins, minerals and antioxidants, these compounds are less concentrated in some varieties.

That said, all vegetables are nutritious, says Rhiannon Lambert, a nutritionist, the founder of the top Harley Street clinic Rhitrition and the author of The Science of Plant-Based Nutrition.

It’s why plants have been central to human diets throughout history. Despite preconceptions of cavemen dining on bounties of meat, “it’s pretty obvious that the majority of what everybody was eating was vegetable matter” such as sea kale, samphire and nettles, says Dr Annie Gray, a food historian and the author of The Bookshop, the Draper, the Candlestick Maker: A History of the High Street.

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2026 es el Año Internacional de las Agricultoras

por

¿Cuál es la situación de la agricultura en España? 

“En España, la agricultura sigue siendo un sector estratégico por su función económica, social, territorial y medioambiental”, afirman al SMC España desde la Confederación de Asociaciones de Mujeres del Medio Rural (CERES). La agricultura representa aproximadamente el 2,5 % del PIB español, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y el sector primario emplea al 3,6 %, de la población activa, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Tanto la producción nacional, como las exportaciones, especialmente a mercados europeos, son los sostenes del valor del sector agroalimentario.

De acuerdo al Anuario de Estadística del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la tierra dedicada a cultivos ocupaba en 2023 el 32,8 % del total de la superficie de España. El tipo de cultivo es muy diverso y cada región tiene su especialidad. En líneas generales, los herbáceos —cultivos temporales y huertas— representan el grueso de la superficie cultivada, entre los que destacan los cereales. En los cultivos leñosos —mantenidos durante largos periodos sin ser replantados tras cada cosecha—, los olivares encabezan el grupo.  Cabe destacar que España es uno de los países con más superficie en producción ecológica tanto de la Unión Europea como del mundo, encabezando la lista en ambos ránquines en olivares ecológicos y la primera del mundo en viñedos ecológicos. Así se indica en The World of Organic Agriculture 2025

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