Mujeres otomíes guardianas de la comida ancestral
Imágenes y redacción por Xochitl Aguilar Gonzalez, La Jornada del Campo, 15/11/2025, No. 218, p. 14
Hablando del campo y de la mujer Otomí viajamos a Pueblo Nuevo, comunidad que se reconoce como indígena Hñahñu. Está ubicada en el noroeste del Estado de México, pertenece al municipio de Acambay de Ruíz Castañeda, éste se localiza en las coordenadas geográficas (19.933889, -99.915278,), a 2,537msnm (INEGI, 2020). Al norte colinda con las comunidades de Tixmadeje Chico y Dongu al sur con las comunidades de Soledad y San José Bocto, al este con Acambay de Ruíz Castañeda y al oeste con Barrio de Guadalupe. La población total es de 4,832 (INEGI, 2020).
La mujer Otomí es una guardiana de la comida que te transporta de la cocina donde existe un fogón a recordarte a través de los sabores y aromas a cuando tomabas o comías algo mientras escuchabas a tu abuela o el olor a madera. Les voy a platicar el rol de las mujeres Otomí en el campo en el Norte del Estado de México. Todas tenemos un rol en el campo algunas hijas estamos despencando nopales y sembrándolos en las orillas como así nos enseñaron, o bien sacando los hijuelos de los magueyes y también preparándonos para sembrar; los nopales que seguimos reproduciendo los cocinamos, nos sentamos a limpiar las pencas en el suelo sobre el pasto para que se caigan las espinas, posteriormente los cortamos en trozos, los hervimos y los agregamos a los frijoles, o elaboramos dulce, donde no solo participan los nopales sino el xoconostle que es una tuna ácida, por lo que el sabor es delicioso además de nutritivo y aprovechamos lo que la madre tierra nos da.
En las cosechas, es momento de sacar los piscadores, los ayates de ixtle (material del maguey), el sombrero hecho de popote de trigo y una faja, ponerse en marcha rumbo al terreno y al llegar pedirle permiso al terreno y agradecerle por el alimento que se va a consumir; la jornada no acaba pronto puesto que primero se tiene que estar antes de que salga el sol si queremos degustar tamales próximamente por lo que la mujer Otomí va escogiendo las mejores mazorcas y de ahí saca la hoja para guardar cuando se hagan tamales esto se hace antes de las cosechas.
La mujer Otomí siempre activa en las actividades del campo, también al sembrar trigo y diversificar los cultivos permite tener soberanía alimentaria en la familia y comunidad, ya que el proceso no solo es para nutrir sino también para transformar, la mujer es quien teje las madejas de trenza usando 7 popotes provenientes de la planta del trigo que posteriormente se convierten en artesanías como bolsitas de trigo
o sombreros.
Las mujeres tienen posicionamiento de que quieren llevar a sus mesas, colectan quelites de los terrenos, también se ponen a deshidratar para consumirse en época de sequía con un sabor único a diferencia de los que se compran en el mercado y con la seguridad que es limpio relativamente ya que algunos aplican
herbicidas.
Algunas mujeres bordan lo que ven a su alrededor como pájaros, conejos, gallos, coyotes, flores, aprovechan el tiempo en lo que pastan sus animales como borregos, vacas, pollos en el campo, enhebrar la aguja sobre la tela y plasmarla.
La niñez también hace lo suyo, aunque ya está cambiando y tenemos como tarea inculcarle que no todo es estudio que debe tener sentido de pertenencia y arraigarse a su lugar de origen para no siempre emigrar, y ver al campo como signo de pobreza, bueno, pero enfocándonos a la niñez, lo que hacen algunos todavía es elaborar sus juguetes con el lodo, integrarse en el huerto deshierbando, sembrando y regando a la semilla y con la mamá o papá haciendo una analogía de que la planta es ella o él mismo por lo que debe cuidarlo, regarlo, abonar, y después tomarlo para nutrir el cuerpo ya que morirá para darnos salud, en la cocina al probar las frutas cortadas de los árboles frutales haciendo mermelada, o platicando y preguntando el porqué de las cosas.
La juventud lo que he visto es que acompaña procesos donde aprende y reconoce que tiene un rol en casa, en el campo, y comunidad, pero apenas vislumbra ya que como están en etapa de definirse y a veces de rebeldía la familia debe orientales, algunos ya toman acción a través de involucrarse.
La mujer Otomí hace un cierre de la milpa que significa que ya puedes tomar el trabajo de tu esfuerzo reflejado en mazorcas, alimentos como el chilacayote para preparar un dulce, o un atole del mismo, que puedes colectar quelites de carretilla (trebol) y cocerlos para ofrecerlos a nuestros seres que partieron de este plano terrenal, La mujer Otomí es quien sabe el proceso de hacer unas memshas (tortillas de trigo),
colecta el maíz del terreno buscando aquellos elotes con textura masosa, lleva los maíces a casa y los desgrana, va agregando en el molino la canela, la leche de vaca, la crema, el piloncillo y va sacando una masa que le va añadiendo ese aroma a campo que es ponerle anís silvestre, se va a prender el comal con la leña de encino para ir con las manos dando forma a un círculo a la masa para formar la tortilla y colocarla sobre el comal para que este le agreguen piedras de hormigas y vaya dejando el aroma a tierra y aportando minerales y no se pegue la tortilla al comal, posteriormente ve el trabajo hecho y procede a invitar a su familia o llevarle a la vecina compartir los alimentos como se nos ha enseñado de niñas, que hay que compartir.
Ahora hablemos cuando es temporada de lluvias, las mujeres en la cocina con los esposos hacen una tarea compartida de elaborar Kapo Ndani (caldo), un alimento que se consume en esa temporada es un caldo hecho con cebolla, ajo, chile, hongos, acociles, y xononostle (tuna ácida) y tomar atole de masa por lo que es indispensable tener de alimentos que provengan del terreno. Antes solía hacerse una actividad de apoyarse en las cosechas entre personas que conforman la comunidad que no necesariamente eran tus parientes denominada combate, en ese momento también compartían alimentos de la milpa como dulce de calabaza, tunas, quelites, pulque, actualmente la actividad de combate se está perdiendo, y el consumo
de los alimentos endémicos también por lo que cada mujer Otomí, niña o joven hace su rol desde lo que puede, y lo que compartimos como comunidad y como mujeres es visibilizar esta tarea que parece no tener importancia, al contrario esta resistencia de conservar platillos, especies endémicas, nos ha permitido tener diversidad de sabores.
Concluyó mencionando que los saberes de mis antepasadas permiten acercarme a espacios de escuelas, centros de salud, donde lo que hago es compartir la palabra desde mi lengua materna que es el Otomí en donde informamos la importancia de la salud que radica una parte en que encontramos en la alacena, o que es lo que más observamos en nuestra mesa si la mayoría de alimentos los producimos o dependemos
del mercado, y no local sino de uno extranjero, y que a través del juego, cantos, caminatas, faenas, muestras gastronómicas, ferias de la milpa se siga con la emoción de seguir conservando los alimentos endémicos pero que no solo sea de la mujer sino también del hombre para poner nuestra salud en el cuerpo.


