México: maíz nativo, solución al hambre

A Schmeiser le parecieron intimidatorias e injustas las condiciones de la empresa y se negó a firmar el acuerdo.

Así empezó la demanda legal de una empresa transnacional en contra de un agricultor desconocido, que se ha convertido en un emblema del movimiento por la libertad de las semillas y por los derechos de los campesinos de todo el mundo con su victoria.

¿Transgénicos amigables con el medio ambiente?

Contrario a los argumentos de las empresas, los peligros de cultivos transgénicos para el medio ambiente y la agricultura son el incremento del uso de tóxicos en la agricultura, la contaminación genética, la contaminación del suelo, la pérdida de biodiversidad, el desarrollo de resistencias en insectos y “malas hierbas” o los efectos no deseados en otros organismos, como las mariposas Monarca. Los efectos sobre los ecosistemas son irreversibles e imprevisibles.

 ¿Y la salud?

Los riesgos sanitarios a largo plazo por el consumo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que contaminan la red alimentaria de humanos y de los animales cuyos productos consumimos, no se están evaluando correctamente y su alcance permanece desconocido. Nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos y efectos inesperados son algunos de los riesgos.

Monsanto, la empresa que detenta el 90 por ciento de las patentes de semillas transgénicas a nivel global, acumula un expediente oscuro de ocultamiento de información que evidencia los riegos para la salud pública de sus productos.

Desde el agente naranja que se empleó en la Guerra de Vietnam, Monsanto sigue ocultado información clave y, peor aún, pretende hacer creer a la gente que es una empresa socialmente responsable. El agente naranja producido por la empresa desde la década de los setenta sigue cobrando víctimas. Ciento cincuenta mil niños padecen hoy malformaciones debidas a la dioxina de este agente y ochocientas mil personas están enfermas todavía (4).

¿Transgénicos contra el hambre en el mundo?

Los OGM refuerzan el control de la alimentación mundial por parte de unas pocas empresas multinacionales. Los países que han adoptado masivamente el uso de cultivos transgénicos son claros ejemplos de una agricultura no sustentable. En Argentina, por ejemplo, la entrada masiva de soya transgénica exacerbó la crisis de la agricultura con un alarmante incremento de la destrucción de sus bosques primarios, el desplazamiento de campesinos y trabajadores rurales, un aumento del uso de herbicidas y una grave sustitución de la producción de alimentos para consumo local.

Una mentira bastante difundida por el gobierno mexicano y las empresas es que la reciente autorización de experimentaciones con maíz transgénico en nuestro país es en aras de incrementar los rendimientos, cuando se ha demostrado que las dos variedades de maíz transgénico aprobadas para sembrarse en nuestro país no solucionan los problemas de la agricultura mexicana. Son variedades obsoletas, diseñadas para los agricultores industriales, que de acuerdo con los registros de 20 años de experimentación y 13 años de comercialización en Estados Unidos, principal productor de maíz en el mundo, únicamente aumentaron los rendimientos de las cosechas en 0.2 y 0.3 por ciento, lo cual no es redituable para los productores si consideramos que un cultivo transgénico es hasta diez veces más caro que uno convencional.

La solución al hambre está en el desarrollo de tecnologías sustentables y justas, el acceso a los alimentos y el empleo de técnicas como la agricultura y la ganadería ecológicas. La industria de los transgénicos utiliza su poder comercial e influencia política para desviar los recursos financieros que requieren las verdaderas soluciones, como la tecnificación del campo con sistemas de riego, acceso a maquinaria e investigación del potencial de nuestras variedades nativas.

A pesar del gran potencial que tiene la ingeniería genética para entender la naturaleza y desarrollar la investigación médica, esto no puede ser utilizado como justificación para convertir el medio ambiente y el alimento de los mexicanos en un gigantesco experimento con intereses comerciales.

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