Maíz en vaso: las bebidas tradicionales que saben a historia y futuro

Por Clara Aceves, Revista La Campiña, 02/02/2026

MÉXICO.- En México, el maíz no solo se come: se bebe. Desde tiempos ancestrales, los pueblos originarios desarrollaron técnicas, recetas y rituales en torno a este grano sagrado, y las bebidas tradicionales son una de sus expresiones más profundas y deliciosas.

Preparadas a base de maíz, estas bebidas son auténticos tesoros líquidos que reflejan la diversidad cultural y regional del país. Reconfortan, refrescan y nutren, pero también cuentan historias. Gracias a procesos como la nixtamalización, la fermentación y la combinación con cacao, semillas, flores y frutas, aportan energía, minerales, fibra y antioxidantes naturales.

Cada sorbo es una muestra de la sabiduría culinaria transmitida de generación en generación.

Atole y champurrado

El atole es quizá la bebida de maíz más conocida. Se elabora con masa de maíz nixtamalizado, agua, azúcar y canela, y puede enriquecerse con frutas o cacao para dar origen al tradicional champurrado.
Su textura espesa y su calidez lo convierten en una bebida reconfortante, ideal para empezar el día o acompañar antojitos. Además, aporta energía, saciedad y calcio, gracias a la nixtamalización.

Pozol (Tabasco y Chiapas)

De raíz maya, el pozol es una bebida fermentada de maíz y cacao que se consume fría, dulce o salada, tradicionalmente en jícaras. Su fermentación natural favorece la digestión y aporta probióticos, lo que la hace refrescante y nutritiva, perfecta para el clima del sureste mexicano.

Tejate (Oaxaca)

Conocido como “la bebida de los dioses”, el tejate combina masa de maíz, cacao tostado, hueso de mamey y flor de cacao. Su espuma natural y sabor profundo lo convierten en una joya gastronómica y en un símbolo de identidad zapoteca y mixteca.

Tejuino (Jalisco y occidente del país)

El tejuino se prepara con maíz fermentado y piloncillo. Se sirve frío, con sal, limón y chile. Es refrescante, energético y parte esencial de la vida cotidiana en mercados y plazas del occidente mexicano.

Tascalate (Chiapas)

Refrescante y aromático, el tascalate mezcla maíz molido, cacao, achiote, chile y canela. Se consume frío, hidrata y aporta antioxidantes y minerales. Es un equilibrio perfecto entre sabor, tradición y nutrición.

Pinole o piznate (Nayarit y Sinaloa)

El pinole, hecho con maíz tostado y molido, mezclado con agua, canela o piloncillo, es una bebida energética por excelencia. Rica en carbohidratos complejos y fibra, ha sido alimento clave para comunidades originarias, campesinos y caminantes durante siglos.

Teswino, tesgüino, batari o suguí (pueblo rarámuri, Chihuahua)

Esta bebida fermentada de maíz germinado es central en la vida ritual y comunitaria del pueblo rarámuri. Aporta probióticos y nutrientes, pero sobre todo simboliza la unión, la celebración y la espiritualidad.

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