Las Promesas de La Industria Biotecnológica

Por Adelita San Vicente Tello, La Jornada del Campo, deciembre 18, 2010

En los años recientes hemos presenciado una costosa campaña de difusión y mercadotecnia de la industria biotecnólogica y su representación civil en el país, Agrobio, en la que reiteran que las semillas transgénicas son la solución para múltiples problemas. Afirman que esta tecnología permitirá desde revertir la crítica situación del campo mexicano y las adversidades producto del cambio climático hasta atender la necesidad de mayor cantidad de alimento por el incremento de la población del planeta.

Veamos si las promesas de esta industria son una solución, si sus argumentos son errados, o más aún, si incurren en el engaño.

Si bien la industria biotecnológica moderna es amplia –ya que incluye desarrollos para la biomedicina, la bioremediación, la farmacéutica y agropecuaria– aquí el punto a debate son las semillas transgénicas que se sembrarán al aire libre.

Recordemos que las semillas transgénicas presentes en el mercado, así como las que están en experimentación en México sólo tienen dos características: tolerancia a herbicidas, presente en más de tres cuartas partes de los transgénicos que se comercializan en el mundo, y resistencia a plagas por la expresión de la toxina Bacillus thuringiensis (Bt).

Cuando se habla de solucionar el hambre del mundo se presupone que esta tecnología aumentará los rendimientos, y este planteamiento es completamente falso; así lo han reconocido las propias empresas, que dicen: “no existen aún en el mercado cultivos transgénicos que incrementen intrínsecamente los rendimientos”.

Analicemos el gran tema que han publicitado las empresas: las plantas con resistencia a sequía que podrán enfrentar el cambio climático y alimentar a la humanidad.

En 2007 en un viaje pagado a periodistas a su planta de San Luis, Missouri, “Monsanto, aseguró que desarrollaba un maíz blanco resistente a sequías para ‘ayudar’ a los países en desarrollo, los cuales para utilizarlo no deberán esperar a que sea avalado en las naciones de primer mundo, ya que ese proceso se lleva hasta diez años.” (Angélica Enciso, en La Jornada, 22 de mayo de 2007). En ese momento se dio mayor énfasis a la regulación que a la forma en que se conferiría la resistencia.

Más adelante, en 2009, al celebrar el Día Internacional de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, Monsanto y BASF anunciaron el descubrimiento de un gen que confiere tolerancia a la sequía en plantas de maíz. En un boletín y con inserciones pagadas en la prensa revelaron que “el gen cold shock protein B (cspB) –proteína B de impacto en frío– que se encuentra de manera natural en bacterias Bacillus subtilis, puede contribuir a que las plantas de maíz toleren condiciones de sequía y estabilicen su rendimiento en períodos de escaso suministro de agua”.

Monsanto señaló que “una parte importante de esta inversión se canaliza a identificar y evaluar genes con características prometedoras en cuanto a rendimiento y tolerancia a condiciones de estrés”. Este tema es el central, pues si bien Monsanto detenta la tecnología para insertar la información genética, esta información se encuentra en las propias plantas, la mayor parte cultivadas por campesinos que con mucha dedicación y trabajo, año con año, han logrado variedades resistentes a diversas condiciones. Es un conocimiento desarrollado a lo largo de milenios.

Esta información se ha recolectado por años en diversos bancos de germoplasma, pero el del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) sobresale, y no tanto por su tamaño, sino porque, siendo una institución no gubernamental, el material que almacena es utilizado por diversos investigadores del mundo sin ningún control por parte del gobierno mexicano.

Así se observa en diferentes estudios. Por ejemplo un texto publicado en la revista Crop Science, de la Sociedad de Ciencia de Cultivos de Estados Unidos, indica que los científicos del Instituto Federal Suizo de Tecnología usaron para su estudio variedades del grano desarrolladas por el CIMMYT en México. Tal estudio evaluó si diferentes variedades del maíz tienen la mezcla genética que les permita adaptarse a las sequías.

Asimismo, en el reporte de Monsanto sobre su proyecto para el desarrollo de un maíz que hace un uso eficiente del agua –el cual se realiza con inversión de la Fundación Gates y de la Howard Buffett– se señala que el CIMMYT participa ofreciendo sus variedades de maíz de alto rendimiento, adaptadas a las condiciones africanas y con su experiencia en la “mejora” convencional y las pruebas de tolerancia a la sequía.

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