La milpa afromexicana en la Costa Chica de Guerrero

Texto e imágenes por Carlos Manolo Trujillo Pérez, La Jornada del Campo, 17/01/2026, No. 220, p. 5

El sistema milpa es un agroecosistema tradicional de origen mesoamericano caracterizado por la asociación de cultivos como maíz, frijol y calabaza, aunado a otras diversas plantas alimenticias y medicinales. Su composición permite identificar una gran variedad de especies silvestres y comestibles que coexisten en un mismo espacio, y evidencia la importancia que las comunidades campesinas otorgan a la agrobiodiversidad.
Para los pueblos originarios, la milpa es una práctica de cultivo, una forma de vida que articula saberes ancestrales, habilidades culinarias, trabajo colectivo y cuidado de los bienes comunes. La milpa ha sido adaptada a diferentes territorios de distintas características geográficas. Esta variabilidad ha permitido que la biodiversidad asociada de la milpa se enriquezca y se incorporen nuevos elementos bioculturales, gastronómicos y organizativos.
En este sentido, en la región de la Costa Chica de Guerrero, la milpa se ajustó a las condiciones climáticas, suelos planos y biodiversidad local, así como a la influencia cultural de poblaciones asiáticas, españolas y africanas que arribaron durante la época del Galeón de Manila, ruta comercial que conectó Filipinas con las costas del Pacífico mexicano. A través de este proceso histórico, se generaron trueques de semillas, frutales, animales y formas de preparación de alimentos, integrados a los saberes prehispánicos.
De manera particular, las comunidades asentadas a orilla del río Nexpa en la Costa Chica de Guerrero, basándose en los saberes adquiridos y herencia biocultural aprovecharon la fertilidad que dejaban las inundaciones naturales. Esto permitió el establecimiento de diversos cultivos como coco, ajonjolí, limón, plátano, mango, tamarindo, cacao, entre otras especies, que enriquecieron el agroecosistema milpa. Además, se incorporaron otras técnicas de cultivo, como las palancas y la asociación de maíz, frijol, tomate, chile, plantas medicinales, bule y estropajo. Esta diversidad cultivada garantiza la disponibilidad de alimentos, fibras naturales, utensilios domésticos y uso de arvenses como las plantas medicinales o para limpiar la ropa.
La introducción de otros cultivos fortaleció el sistema milpa de la costa chica. Además, la integración de conocimientos de origen africano enriqueció la práctica agrícola y conformó un sistema particular que hoy puede reconocerse como milpa afromexicana, la cual se caracteriza por su diversidad biológica e incorporación de saberes agrícolas y culinarios. En la actualidad la milpa afromexicana de la Costa Chica
de Guerrero constituye un agroecosistema que trasciende. Este sistema de manejo incorpora la producción agrícola, elementos culturales, sociales, gastronómicos y espirituales, los cuales fortalecen la identidad colectiva de los pueblos afros, indígenas y mestizos de la región. El conjunto de elementos de la milpa afromexicana le confieren resiliencia porque contribuyen a recuperar la agrobiodiversidad, los conocimientos tradicionales y la resiliencia socioambiental.
Las prácticas productivas incorporaron conocimientos sobre fases lunares para la siembra, asociación de cultivos y manejo de arvenses, así como el aprovechamiento de la materia orgánica proveniente de árboles frutales y residuos de cosecha. Para controlar arvenses en cultivos de ciclo corto, se empleaba la
tarecua, el fajinado que consistía en chaponar las arvenses y dejar que se incorpore al suelo, o el arado de la tierra con tracción animal, utilizando la doble reja o rejilla sencilla. Este tipo de actividades fortalecen el trabajo colaborativo entre la familia, vecinos o amigos.
La diversidad de cultivos, prácticas, saberes, y sabores, permitió garantizar una alimentación sana y variada, destacando platillos como tamales, atole, elopozole y pozole, incorporando ingredientes como plátano, tamarindo y camarón, elementos que aportaron identidad culinaria afro a la preparación de alimentos a base de maíz. Bondades que fueron incorporadas a la humedad y fertilidad que dejaba el río, cuando inundaba las tierras planas, favoreciendo esta práctica del sistema milpa como base principal de alimentación y sustento durante décadas, contribuyendo a un uso sostenible de la agrobiodiversidad para la producción de alimentos, fibras, plantas medicinales y otros bienes necesarios para la vida cotidiana.
Actualmente las personas mayores de la región recuerdan que, en su juventud, no faltaba comida. Cultivaban maíces nativos como olotillo, tres puntas, cuarenteño o maíz pinto, utilizaban ceniza, plantas medicinales, cal y azufre para el control de hongos, se identifica que este sistema es sostenible, capaz de promover la autosuficiencia alimentaria y el uso integral de la agrobiodiversidad. Sin embargo, con la llegada de políticas públicas orientadas a la modernización del campo, comenzaron a implementarse paquetes tecnológicos basados en monocultivos. Se promovió el uso de urea y herbicidas, así como la siembra de una sola especie en parcelas demostrativas. Este cambio redujo la diversidad biológica del suelo y debilitó los sistemas agrícolas tradicionales.
Los maíces nativos o criollos, por su altura, tienen el problema de ser derribados por el viento, provocando pérdidas económicas para los productores. La introducción de maquinaria, herbicidas y semillas híbridas profundizó la pérdida de agrobiodiversidad y fertilidad de los suelos. La contaminación del agua, distribuida por el distrito de riego 105 de la presa Nexpa, fenómenos naturales adversos afectaron la estabilidad productiva, incrementando los costos de producción, en el cultivo de maíz dejando de ser rentable, ocasionando que las juventudes pierdan el interés del trabajo en campo. A pesar de ello, aún persisten agroecosistemas con diversidad de especies como coco, plátano, cacao, guanábana y limón, asociados con maíz, tomate, chile, melón, pepino y arvenses utilizadas como medicinales o para obtener fibras. Estos sistemas representan una base para recuperar prácticas sostenibles que favorezcan la agrobiodiversidad y la resiliencia ambiental. No obstante, obras hidráulicas impulsadas bajo el argumento de incrementar la productividad han modificado los paisajes agrícolas, afectando la dinámica ecológica y sociocultural del territorio.
Ante la persistencia que enfrenta el sistema productivo afromexicano, los productores de la región, identifican que están siendo rebasadas sus capacidades económicas, el deterioro de sus tierras, las pérdidas de cultivos como el maíz por vientos, sequías o inundaciones, daños a la salud de quienes aplican agroquímicos tóxicos para el control de arvenses e insectos, creando un desequilibrio y pérdida de biodiversidad en el sistema milpa afro costeño.
La milpa afromexicana constituye un sistema agrobiocultural que sintetiza la interacción de saberes indígenas y africanos. Su permanencia depende del fortalecimiento de prácticas agroecológicas, la recuperación de semillas nativas y la valoración del trabajo campesino como eje de soberanía alimentaria y conservación de la biodiversidad de la región.
A pesar de estas amenazas, persisten agroecosistemas diversos en la región que representan oportunidades para recuperar prácticas sostenibles que contribuyan a la conservación de la agrobiodiversidad y la soberanía alimentaria.
Este sistema se mantiene como un símbolo de identidad, resistencia y conocimiento ecológico tradicional, cuya preservación es clave para enfrentar los retos socioambientales actuales. Teniendo virtudes, bondades productivas y culturales de este agroecosistema complejo resultado del encuentro entre saberes indígenas, africanos y europeos, para promover entre las juventudes la funcionalidad de estos sistemas afro, cuya interacción histórica enriqueció la diversidad biológica, cultural, económica, socioambiental y gastronómica en la Costa Chica de Guerrero.