¿De verdad son orgánicos?

Sin embargo, cada decisión de delimitar más la definición de “orgánico” implica un estira y afloja inevitable entre agricultores, productores de alimentos, supermercados y ambientalistas. Aunque la normativa estadounidense para la certificación orgánica mandata que los agricultores usen prácticas para proteger los recursos acuíferos, es difícil definir un nivel sustentable específico para el uso del agua de una sola granja, “porque la disminución en el acuífero es resultado de que muchos granjeros utilicen en exceso el recurso”, notó Miles McEvoy, el jefe del Programa Nacional Orgánico del Departamento de Agricultura. Mientras que el ideal orgánico original era comer sólo productos perecederos locales y estacionales, quienes compran en supermercados, desde Whole Foods hasta Wal Mart, esperan encontrar tomates en diciembre y son muy sensibles al precio. Ambos factores avivaron la demanda de importaciones. Se pueden cultivar productos perecederos orgánicos en pocas zonas de Estados Unidos en invierno, sin recurrir a invernaderos que consumen electricidad.

Además, los costos de mano de obra son elevados. Los jornaleros que llegan a cosechar el tomate en esta parte de Baja California ganan cerca de 10 dólares diarios, casi el doble del salario mínimo local. Los recolectores en Florida pueden ganar 80 dólares diarios en la temporada alta. Manuel Verdugo, de 42 años, empezó el cultivo orgánico de tomates en suelo desértico en San José del Cabo hace cinco años y ahora posee 30 acres en varios lugares. Envía dos toneladas y media de tomates “cherry”, italiano y “beefsteak” a Estados Unidos con la marca Tiky Cabo. Invirtió en sistemas de irrigación que gotean agua directamente a la raíz de las plantas en lugar de llevarla por canales abiertos. Está construyendo enormes invernaderos para cubrir los cultivos, mantener fuera a las plagas y minimizar la evaporación.

Aun así, no puede cultivar 10 acres en el caserío cercano de La Cuenca porque están secos los pozos ahí. En otra granja orgánica de cinco años de antigüedad, Rosario Castillo dice que puede cultivar sólo 19 acres de los 100 que tiene destinados para la producción orgánica aunque cavó un pozo hace siete meses para tener mejor acceso al acuífero. Las autoridades racionan el bombeo y no han otorgado el permiso para quitar los cactos nativos. “Tenemos muy poca agua aquí, y tienes que pasar por mucha burocracia para conseguirla”, dijo Castillo. Muchos agricultores culpan de la escasez de agua al desarrollo turístico —hoteles y campos de golf—, lo cual ha sido un problema importante en las zonas costeras. Sin embargo, la agricultura también puede ser una sangría significativa. Según un estudio en Ojos Negros, la zona norte de Baja California, un auge en la siembra de cebolla cambray para exportación hace una década redujo el nivel freático en unas 16 pulgadas anuales.

“Bombeaban mucha agua subterránea, y eso enriqueció a algunas personas a ambos lados de la frontera a costas del ambiente”, comentó Victor Miguel Ponce, un catedrático de hidrología en la Universidad Estatal San Diego. La logística de obtener agua y transportar grandes volúmenes de productos perecederos favorece a los grandes productores. Algunos de los mayores son propiedad de estadounidenses, como Sueño Tropical, una enorme granja con hileras de invernaderos alineadas en el desierto, que atiende exclusivamente al mercado estadounidense. Mientras los agricultores orgánicos tradicionales ven a una imperfección o una forma extraña simplemente como variaciones de la naturaleza, se instruye a los jornaleros de Sueño Tropical a seleccionar los tomates que no tienen forma, tamaño y superficie uniformes, que son requerimientos de clientes como Whole Foods. Esos “segundos” se venden localmente.

No obstante, la conexión con Estados Unidos ha tenido otro tipo de beneficios. La Cooperativa del Cabo, que funge como agente de cientos de agricultores locales, proporciona las semillas a los suyos y contrata agrónomos y entomólogos entusiastas para asistirlos en el cuidado de las cosechas sin usar químicos. A medida que se expande el mercado estadounidense, dijo John Graham, un coordinador de operaciones en la Cooperativa, siempre busca atraer a nuevos agricultores a su red, en especial aquéllos cuyas granjas utilizan acuíferos distantes donde todavía abunda el agua.

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