¿Comer pescado es tan saludable?

Por Esther Vivas, Publico Es, marzo de 2014

Nos dicen que comer pescado es de lo mejor. Nos aporta ácido graso omega 3, vitaminas B, calcio, yodo… Sin embargo, ¿comer pescado es tan saludable? ¿Seguro que es beneficioso para nosotros y el medio ambiente? ¿Qué efectos tiene en los fondos y especies marinas? ¿Y en las comunidades locales? ¿Quién sale ganando con su creciente demanda? Aguas turbias se mueven en las bambalinas de la industria pesquera.

El consumo de pescado va a más. Su producción mundial batió un nuevo récord en 2013 alcanzando los 160 millones de toneladas, con la pesca de captura y la de piscifactorías, frente a los 157 millones del año anterior, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Una tendencia que se sustenta en una sólida demanda en los mercados internacionales y en un aumento de la misma en Asia Oriental y el sudeste asiático, especialmente en China. En Europa, el Estado español es uno de los mayores consumidores, con una media de 26,8 kilos de pescado por persona y año, según datos de Mercasa de 2011, a pesar del descenso que su consumo ha sufrido en los últimos tiempos debido a la crisis.

Una demanda creciente que se ha visto satisfecha por la expansión de la acuicultura intensiva, o lo que sería lo mismo «granjas de pescado» o piscifactorías. Calco y copia del modelo de ganadería industrial, aplicado en esta ocasión a la pesca. Hoy, uno de cada dos peces que comemos procede de dicha producción. Se trata de un modelo en auge que, se calcula, en el 2030 suministrará casi dos tercios de todo el pescado consumido en el mundo, según el informe La pesca hasta 2030: Perspectivas de la pesca y la acuicultura del Banco Mundial y la FAO. Sin embargo, el negativo impacto social y medioambiental de este modelo, desde su instalación al «cultivo» y procesado de los peces, es la otra cara de la moneda.

Pez come pez

La lógica del capital impacta de pleno en su producción. Se crían las especies de alto valor económico, las más demandadas para el consumo. En Noruega, el salmón; en el Estado español, la dorada, la lubina, la trucha, el atún. La mayoría, peces carnívoros: pescado que a su vez necesita de otro para su engorde. El periodista Paul Greenberg, en su obra ‘Cuatro peces. El futuro de los últimos alimentos salvajes’, lo dejaba claro: para producir 1 kilo de salmón se necesitan 3 kilos de otras especies de pescado y para 1 kilo de atún, nada más y nada menos, que 20 kilos. Lo que genera una mayor sobreexplotación de los recursos pesqueros. Unos bienes, a menudo, sustraídos de las costas de países del Sur, mermando así bienes imprescindibles para su alimentación. El resultado es un producto de lujo a merced de los bolsillos que lo pueden costear y consumir.

Los tratamientos que se aplican en las piscifactorías para combatir las enfermedades infecciosas de los peces son otro factor de riesgo para la salud medioambiental y el consumo humano. Un ejemplo son los baños de formol, con una función antiparasitaria, y el subministro preventivo de antibióticos, que se acumulan en los órganos internos del animal, y su uso sistemático facilita la aparición de patógenos resistentes. Las condiciones en las que se encuentran los peces no ayuda. El hacinamiento en piscinas y jaulas está al orden del día y permite fácilmente la propagación de enfermedades por fricciones, estrés o canibalismo.

Su impacto en el territorio y las comunidades es, también, importante. Las mismas instalaciones, grandes superficies de piscinas, compiten con el uso de dicho terreno por parte de la población local, ya sea para el cultivo, el pastoreo. Las aguas de estos emplazamientos, con altas dosis de productos químicos y sustancias tóxicas, contaminan los suelos y el entorno acuático, y la introducción de especies exóticas y la fuga de ejemplares afecta a las especies nativas.

De la costa a mar adentro

La pesca de captura a gran escala, por su parte, desde la costa hasta las aguas más profundas, tiene asimismo consecuencias muy negativas tanto para los propios recursos pesqueros como para el medio ambiente. En el Mediterráneo, el 92% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas, el 63% en el Atlántico, según datos de Ecologistas en Acción. Varias especies marinas se ven amenazadas y en peligro de extinción. La sobrepesca ha sido la práctica dominante y su consecuencia: la disminución de peces en el mar.