Ciencia, política y resistencia. Por la defensa de los maíces nativos

Por Fernando Ruiz N. La Jornada del Campo. 23/05/2026, Número 224, Territorios Vivos, p.8.

Durante las Jornadas por la Sostenibilidad: Territorios Vivos, Gente y Biodiversidad, Ignacio Chapela, investigador de la Universidad de Berkeley y micólogo, impartió una conferencia y diálogo sobre la situación de los maíces nativos frente a la introducción de organismos transgénicos en México, descubierta hace 25 años. En un análisis retrospectivo, Chapela reflexiona de manera sistemática,  puntualizando cada hito de un descubrimiento que cimbró a la industria de la biotecnología y sumió a Occidente en una polémica que aún no termina.

El Modelo Biotecnológico
• Genocentrismo: Chapela critica la visión reduccionista que equipara el ADN con un “átomo de la vida” manipulable, ignorando que la biología no se comporta como la materia inerte.
• El Riesgo como Negocio: Explica que, bajo la lógica de “Silicon Valley”, las empresas no evitan el riesgo, sino que lo ven como una oportunidad de negocio: se lucra causando un desastre tecnológico y luego prometiendo la solución.
• Promesas Incumplidas: Señala que, tras 50 años de desarrollo, los transgénicos solo han demostrado utilidad real en la resistencia a herbicidas e insectos en la agricultura industrial, fallando en algunas como las variedades de maíz fijadoras de nitrógeno u otras que producen vacunas.

El Impacto en el Maíz Nativo
• Contaminación en Oaxaca: El conferencista relata cómo se detectó la presencia de ADN transgénico en la Sierra Norte de Oaxaca, un hallazgo que tuvo repercusiones internacionales y anuló el discurso de inocuidad que habían mantenido las empresas con respecto a las técnicas utilizadas para producir cultivos transgénicos.

• El “Hierro Molecular”: Define a los transgénicos como una marca de propiedad intelectual (“hierro”) sobre un ser vivo. Al contaminarse una parcela, la empresa puede reclamar derechos de

propiedad sobre semillas que han sido mejoradas colectivamente por campesinos durante aproximadamente 9,000 años.

• Promiscuidad Genética: Explica que el ADN insertado es más “promiscuo” que el nativo debido a los vectores (bacterias) utilizados, lo que facilita su dispersión y reproducción incontrolada en el ambiente.

La ciencia como instrumento de resistencia
• Detección Accesible: Chapela afirma que la detección de transgénicos es técnicamente sencilla mediante técnicas de PCR (similares a las de COVID) y que incluso han desarrollado métodos que no requieren electricidad ni refrigeración para uso comunitario.
• Barreras Políticas: El mayor obstáculo no es técnico, sino político y económico. Denuncia la hostilidad de instituciones académicas y organismos como el CIMMYT, quienes se opusieron a reconocer la contaminación del maíz en México.
• Resistencia desde Abajo: La verdadera defensa del maíz nativo no puede provenir de las instituciones oficiales debido a que estas son demasiado débiles para enfrentar los intereses de las grandes empresas transnacionales; las comunidades indígenas, la sociedad civil organizada y las instituciones académicas, en cambio, pueden movilizarse para emprender acciones como la creación de bancos de semillas; el rescate de variedades nativas y emprender acciones para exigir productos libres de ADN transgénico. La técnica base: PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa).

Ignacio Chapela enfatiza que, aunque el tema se presenta a menudo como algo inaccesible, la detección de transgénicos es técnicamente sencilla y puede realizarse incluso en condiciones precarias. La herramienta fundamental para identificar el maíz modificado es la PCR, la misma tecnología que se popularizó globalmente para detectar el virus del COVID-19 basada en un método ya muy conocido:
• Identificación de secuencias: Para realizar la prueba, es necesario conocer previamente la secuencia de ADN específica que se busca (el inserto transgénico).
• Uso de “Primers”: Se utilizan cebadores o primers que son fragmentos de ADN diseñados para unirse específicamente a la secuencia del transgénico.
• Resultados visuales: Tras la reacción, el resultado positivo se manifiesta visualmente como una “bandita” en un gel o mediante otros métodos de detección.
• Costo y accesibilidad: Chapela estima que el costo de los reactivos para un laboratorio puede ser menor a 50 pesos por prueba, lo que lo hace una tecnología económicamente viable.

La “Ciencia al pie de la cueva”
Uno de los puntos más destacados de la charla es la demostración de que no se requiere un laboratorio de alta tecnología para obtener resultados fiables. Chapela relata cómo desarrolló un método adaptado para las comunidades indígenas que fue probado en las cuevas de Guilá Naquits en Oaxaca, con resultados que permiten detectar la presencia de trangénicos que se caracteriza por:
• Independencia energética: El proceso fue diseñado para funcionar sin electricidad.
• Sin cadena de frío: A diferencia de los métodos convencionales, este no requería refrigeración para los reactivos o muestras.
• Equipo rudimentario: En lugar de centrífugas automáticas o termocicladores sofisticados, utilizaron una fuente de calor producido in situ para controlar la temperatura y un microscopio básico.

El objetivo era demostrar que las comunidades que manejan bancos de semillas pueden tener la capacidad técnica para monitorear su maíz sin depender de instituciones externas.