Antibióticos, de la granja a la mesa; regulación precaria en México

Por Guillermo Cárdenas Guzmán, El Universal en Línea, Lunes 07 de mayo de 2012
El empleo abusivo de estos fármacos en ganado y aves es un problema creciente de salud pública, pues facilita la resistencia microbiana

Aquejado por diarreas y persistente dolor abdominal, un joven granjero acudió con el médico rural, quien le diagnosticó salmonelosis. Parecía que la infección podría resolverse fácilmente, pero el microbio causante (una salmonela entérica denominada DT 104) resultó resistente a los tratamientos farmacológicos.
El médico administró antibióticos (ampicilina, cloramfenicol, estreptomicina, sulfonamidas, tetraciclina) y vio con sorpresa que ninguno eliminaba a la salmonela, pese a que el granjero no tenía antecedentes de automedicación. El contacto regular del paciente con el ganado en las granjas (poblado por bacterias resistentes) había inducido resistencia.
Este tipo de problemas —que no se limitan a la salmonelosis, sino a otras infecciones por bacterias y que comenzaron a documentarse científicamente desde los años 80— se han convertido en un reto creciente de salud pública en el mundo, por la carne contaminada con bacterias resistentes o con residuos de antibióticos.
“Hace tiempo en Europa y recientemente en EU las autoridades sanitarias están tratando de regular, más que el empleo de antibióticos para tratar animales enfermos, su uso en las dietas, sobre todo en las de pollos y cerdos”, comenta el investigador Jorge Tórtora Pérez, de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán (FES-C) de la UNAM.
El académico del Programa de Medicina Veterinaria y Zootecnia explica que los ganaderos añaden esos fármacos a la comida de los animales (también en México) “para tratar de estabilizar la microflora digestiva y controlar ciertos patógenos”, todo con la meta de mejorar el rendimiento productivo de los animales.
Sin embargo, reconoce el especialista en producción de rumiantes, esta medida —supuestamente preventiva— nunca ha estado bien sustentada y, de hecho, implica riesgos quizá mayores: “como los antibióticos están muy ´diluidos´ (dosis bajas) en la dieta animal, el resultado es que se generan bacterias resistentes que luego pueden pasar a humanos”.
Dimensión del problema
Según un cálculo de la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA), en 2009 se utilizaron en EU 14 millones de kilos de compuestos antibióticos en la industria ganadera y aviar sólo con fines preventivos (para mantener sanos a los animales, no para curar infecciones microbianas). La cifra es 8 veces mayor que el consumo humano de antibióticos en ese país.
Tal situación, denunciada desde hace 10 años por la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCS) en EU, condujo a la FDA a emitir recomendaciones y a publicar en abril pasado una serie de lineamientos (en 3 documentos) para promover el uso racional de antibióticos y la protección de la salud humana, que se ve amenazada por la ingesta involuntaria de los mismos.
Entre 70 y 85% de la producción de esos fármacos se destina allá a la producción de carne animal (la mayor parte aves y cerdos y el resto a vacunos), según la información de la UCS. Algunos de esos antibióticos (tetraciclina, penicilina, eritromicina) son usados regularmente desde hace 50 años en las granjas y también en las clínicas de salud humana.
Este problema se suma a la práctica dañina de la automedicación, pues según la Secretaría de Salud, la mayoría de reportes sobre reacciones adversas a medicamentos (40%) en el país se atribuye al empleo de antibióticos. La propia dependencia impulsó en 2010 un acuerdo secretarial por el cual se condiciona la venta de los mismos en las farmacias a la presentación de la receta respectiva.
Sin embargo, muchas personas pueden estar consumiendo inopinadamente y sin necesidad alguna antibióticos en su mesa.
“En la legislación se establece cuál debe ser el uso de los antibióticos, el problema es que no hay una vigilancia estricta en la aplicación de las leyes, como sucedió hace poco con el escándalo por el uso de clembuterol”, señala el doctor Agustín López Munguía, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM.
Grandes riesgos
Jorge Tórtora coincide con la idea de que en México, más que impulsar una legislación específica, es indispensable aplicar las normas actuales y tener un control eficaz sobre los productores de carne, sobre todo los llamados “boteros”, pues según informa, de 60 a 70% de la carne proviene de rastros localizados en traspatios.
“Con el uso indiscriminado de antibióticos pueden generarse especies de bacterias resistentes peligrosas para el ser humano, como Campylobacter y salmonellas. Otro riesgo de salud pública importante es que si los consumes en bajas dosis en tus alimentos, más tarde puedes adquirir alergia a esos medicamentos”, añade el médico veterinario.
“Hay clara evidencia de las consecuencias negativas en la salud debidas a la resistencia de organismos resultante del uso no humano de antimicrobianos”, advierte una valoración científica emitida en 2003 por las organizaciones de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), de Salud Animal Global y Mundial de la Salud.
El documento refiere entre ellas infecciones que de otra forma no ocurrirían, fallos frecuentes en los tratamientos (lo que en algunos casos conduce a la muerte) y mayor severidad de las patologías. Y si bien reconoce que hay otras rutas de transmisión (antibióticos en la horticultura o acuacultura), “la de la comida de origen animal es el principal medio de propagación de bacterias resistentes y genes de resistencia”.
Para evitar esto se han propuesto varias alternativas: desde las recomendaciones de la FDA para usar antibióticos sólo como tratamientos veterinarios (no como promotores del crecimiento animal, medida adoptada por la Unión Europea en 1995), evitar etiquetarlos como tales en la industria farmacéutica, hasta mejorar la higiene en las granjas.
López Munguía añade que sería deseable aplicar programas de seguimiento más allá de los rastros, como se hace en la Unión Europea, mediante análisis genéticos para trazar el origen de la carne desde las líneas de producción. Pero los costos asociados dificultan establecer esas medidas, sobre todo en países pobres.
Según Jorge Tórtora, se tienen que atacar todos los aspectos, pues una sola medida (como bloquear la adición de antibióticos en las dietas animales) no funcionaría. También deben respetarse los tiempos de retiro especificados, es decir, no usar la leche ni sacrificar al animal sino hasta varios días después de haberlo tratado con el fármaco antimicrobiano.

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