Agroecología, Pequeñas Granjas y Soberanía Alimentaria

Mejorando la productividad de pequeños sistemas agrícolas a través de la Agroecología.

A pesar de la evidencia de las ventajas en resistencia y productividad de sistemas agrícolas tradicionales y de pequeña escala, muchos científicos, especialistas en desarrollo y organizaciones argumentan que el desarrollo de la agricultura sustentable no es satisfactorio y que la intensificación de la producción agroquímica y transgénica es esencial en la transición de la subsistencia a la producción comercial. Aunque esos métodos de intensificación han fracasado, la investigación indica que los cultivos tradicionales y las combinaciones de animales pueden adaptarse para incrementar la productividad. Este es el caso en que los principios ecológicos son usados en el rediseño de pequeñas granjas, mejorando el hábitat de tal manera que promueva el crecimiento de plantas saludables, combata las plagas y promueva organismos beneficiosos usando prácticas y recursos locales más eficientemente.

Varios estudios han documentado ampliamente que los pequeños agricultores pueden producir muchos de los alimentos que se necesitan en las comunidades rurales y urbanas, en medio de los cambios climáticos y exuberantes costos de energía (20). La evidencia es concluyente: nuevos enfoques agroecológicos y tecnología conducida por agricultores, ONGs, y algunos gobiernos locales de alrededor del mundo, están ya haciendo una suficiente contribución a la seguridad alimentaria a nivel familiar, regional y nacional. Una variedad de procedimientos agroecológicos y participativos en muchos países han mostrado resultados positivos, aún bajo condiciones ambientales adversas. Potenciales incluyen: aumento del rendimiento del cereal de un 50 a un 200 por ciento, mayor estabilidad de la producción mediante la diversificación, mejoras de dietas y salarios, contribución a la seguridad alimentaria nacional (y aún a las exportaciones), y la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad. Esta evidencia ha sido reforzada por un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre  Comercio y Desarrollo, que indica que la agricultura orgánica puede promover la seguridad alimentaria de África. Basándose en un análisis de 114 casos en África, el reporte reveló que la conversión de las granjas a métodos de producción orgánica o casi orgánica incrementa la productividad agrícola en un 116 por ciento.

Más aún, un cambio a sistemas de producción orgánica deja un impacto duradero, edificando niveles de capital natural, humano, social, financiero y físico en las comunidades agrícolas. La Evaluación Internacional de Conocimientos Agrícolas, Ciencia y Tecnología (AKAST siglas en Inglés), comisionada por el Banco Mundial y la Organización Mundial de Alimentos (FAO siglas en Inglés) de las Naciones Unidas, recomendó que incrementar el fortalecimiento de la AKST hacia las ciencias agroecológicas contribuirá a abordar el problema de medio ambiente manteniendo e incrementando la productividad. La evaluación también señala el conocimiento de los sistemas tradicionales y locales que mejoran la calidad de la tierra, la biodiversidad, así como el manejo de los nutrientes, plagas y agua, además de la capacidad de responder a los problemas ambientales como el clima.

La realización y la expansión de las innovaciones agroecológicas dependen de varios factores y mayores cambios en las leyes instituciones y métodos de investigación y desarrollo. Las estrategias agroecológicas propuestas deben estar dirigidas deliberadamente a los pobres, y no solo al incremento de la producción y la conservación de recursos naturales. Pero ellas también deben generar empleos y proveer acceso a los insumos locales y a los mercados locales. Todo serio intento en desarrollar tecnologías agrícolas sustentables debe aportar los conocimientos y las habilidades locales en el proceso de investigación (21). Debe prestarse especial atención a los agricultores en la formulación de la agenda de investigación y en su participación activa en el proceso de innovación tecnológica y propagación, a través de modelos de Campesino a Campesino que se centran en el intercambio de experiencias, el fortalecimiento de la investigación local, y la capacidad para resolver problemas. El proceso agroecológico requiere la participación y la mejora de la alfabetización ecológica de los agricultores sobre sus tierras y recursos, sentando las bases para el fortalecimiento y continua innovación de las comunidades rurales (22).

Oportunidades equitativas de mercado también deben ser desarrolladas, haciendo hincapié en la comercialización local y sistemas de distribución, precios justos, y otros mecanismos que vinculen a los agricultores más directamente y con mayor solidaridad con el resto de la población. El último reto es aumentar la inversión y la investigación en agroecología y ampliar los proyectos que ya han demostrado su eficacia a miles de agricultores. Esto generará un impacto significativo en los ingresos, seguridad alimentaria, medio ambiente y el bienestar de toda la población, especialmente de aquellos pequeños agricultores que se han visto negativamente afectados por la política y tecnología de la agricultura moderna y la penetración profunda de la agroindustria multinacional en el tercer mundo (23).

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