Agroecología, Pequeñas Granjas y Soberanía Alimentaria

Es crucial que se protejan las áreas de agricultura rural libres de contaminación con cultivos genéticamente modificados. Mantener centros de diversidad genética, geográficamente apartados de toda posibilidad de un cruce de polinización o contaminación genética con los cultivos transgénicos y uniformes, creará “islas” de fuentes genéticas intactas que salvaguarden cualquier fracaso ecológico derivado de la Segunda Revolución Verde que se está imponiendo con programas como el Gates-Rockefeller AGRA en África. Estas islas santuarios genéticos, servirán como las únicas fuentes de semillas libres de modificación genética, que se necesitarán para renovar las granjas orgánicas en el Norte que inevitablemente se contaminarán por el avance de la agricultura transgénica. Los pequeños agricultores y comunidades indígenas del cono Sur, con la ayuda de científicos y ONGs, pueden continuar siendo los creadores y guardianes de una diversidad genética y biológica que ha enriquecido la cultura alimentaria de todo el planeta.

Las pequeñas granjas son más resistentes al cambio climático.

La mayoría de modelos de cambios climáticos predicen los daños que desproporcionadamente afectarán las regiones pobladas por pequeños productores, especialmente a agricultores que dependen de lluvias en el tercer mundo. Sin embargo modelos existentes proveen una aproximación somera de efectos esperados y ocultan la enorme variabilidad en estrategias internas de adaptación. Muchas comunidades rurales y hogares agrícolas tradicionales, a pesar de las fluctuaciones del clima, parecen ser hábiles en bregar con extremos climáticos (15). De hecho muchos agricultores lidian y hasta se preparan para los cambios climáticos, minimizando el fracaso de los cultivos con el creciente uso de variedades locales resistentes a las sequías, captación de agua, plantación extensiva, cultivos mixtos, agro-forestería, escarda oportunista, recolección de plantas silvestres, y una serie de otras técnicas tradicionales de sistemas agrícolas (16).

En tradicionales agro-ecosistemas, la prevalencia de complejos y diversificados sistemas de cultivo es de vital importancia para la estabilidad de los sistemas agrícolas rurales, logrando que los cultivos alcancen respetables niveles de producción en medio de condiciones estresantes de medio ambiente. En general los agro-ecosistemas tradicionales son menos vulnerables a las pérdidas catastróficas, pues se siembra una amplia variedad de cultivos en una variedad de arreglos espaciales y temporales. Investigadores han encontrado que los policultivos de sorgo/maní y mijo/maní exhibieron mayor estabilidad en el rendimiento y menos bajas de producción en sequías a diferencia de los monocultivos.

Una forma de expresar estos resultados experimentales en términos de sobre-rendimiento – ocurre cuando dos ó más cultivos crecen juntos y rinden más que cuando crecen solos – (ej., cuando una hectárea de sorgo y maní rinde más que media hectárea de solo sorgo y media hectárea de solo maní). Todos los cultivos intercalados sobre-rindieron consistentemente en 5 niveles de disponibilidad de humedad fluctuante entre 297 y 584 mm de agua aplicada durante el tiempo de cultivo. Curiosamente, el grado de sobre-rendimiento aumentó con menos agua, de tal manera que las relativas diferencias de productividad entre los monocultivos y policultivos son más acentuadas si las limitaciones aumentan (17). Muchos agricultores siembran cultivos en diseños agroforestales y la sombra de los árboles protegen los cultivos de fluctuaciones extremas de microclimas y humedad. Los agricultores influyen en el micro-clima reteniendo y plantando árboles, los que reducen la temperatura, la velocidad del viento, evaporación y exposición directa a la luz solar que interceptan el granizo y la lluvia. En agro-ecosistemas de café en Chiapas, México, se encontró que las fluctuaciones de temperatura, humedad, y radiación solar incrementaban significativamente si se aminoraba la sombra, indicando que la sombra está directamente relacionada a la mitigación de la variedad de micro-climas y humedad del suelo en el cultivo del café (18).

Encuestas realizadas en las laderas, luego que el huracán Mitch azotara Centro América en 1998, demostraron que los agricultores que usaban prácticas sustentables, como el cultivo de la leguminosa “mucuna”, intercultivos y agro-forestería, sufrieron menos daños que sus vecinos convencionales. El estudio que abarcó 360 comunidades y 24 departamentos de Nicaragua, Honduras y Guatemala, reveló que las parcelas diversificadas tenían 20 a 40 por ciento más capas de superficie, mayor humedad, menos erosión y sufrieron menos pérdidas económicas que sus vecinos convencionales (19).  Esto señala el hecho que una re-evaluación de las técnicas nativas pueden servir como una vital fuente de información en la capacidad de adaptación y resistencia mostrada por las pequeñas granjas – características de importancia estratégica para que los agricultores del mundo enfrenten los cambios climáticos. Adicionalmente las tecnologías nativas frecuentemente reflejan una visión global y un entendimiento a nuestra relación al mundo natural, más realista y más sustentable que para los herederos del hemisferio europeo.

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