“Agricultura orgánica removerá la pobreza”

Para mí no tiene sentido que los campesinos sean desplazados y que las grandes compañías tomen estas tierras y cultiven cosas que no son comida para humanos, como biocombustibles y alimento para animales, y que mientras tanto importemos comida chatarra para destruir nuestra salud”.

Su fundación Navdanya ha creado economías locales alternativas, ¿en qué consisten y cómo se pueden aplicar?

“Cuando la biodiversidad está en manos de los agricultores, podemos cultivar mejores alimentos y más comida. Nuestra investigación ha mostrado que las granjas con cultivos diversos, que es la clase de agricultura tradicional de Colombia y en India, se pueden alimentar dos o tres veces a la población mundial. Cuando usas agroecología se repone la fertilidad del suelo, la diversidad controla las plagas y tendrás más polinizadores”.

¿Cómo es posible que nuestro país alcance su soberanía alimentaria?

“Ante la escasez de la semilla que quieren imponer unas pocas compañías, proponemos un modelo de producción que crea abundancia. Si Medellín mira su entorno, sus comunidades locales puede establecer su propia cadena de suministros provenientes de sus alrededores, igual que podría pasar en Bogotá.

Necesitamos un nuevo pacto con el área rural de la ciudad, comer de manera saludable, puede ser la mayor solución en la salud, y la solución a la pobreza en las zonas rurales. Cuando eso ocurra, Colombia tendrá soberanía alimentaria”.

¿Es posible una economía globalizada de mercado que conviva con ese modelo?

“Una economía globalizada la concibo como una red de economías locales, de sociedad democrática y una conciencia planetaria esto puede coexistir con la justicia social. Lo que hay hoy es una economía globalizada controlada por unas pocas compañías que escriben las reglas del comercio y ponen a los gobiernos, democracias y constituciones en función de sus intereses y no de los intereses de las personas.

Una economía global impulsada por corporaciones no puede ser coherente con ecología sustentable, justicia social o democracia”.

¿A qué se refiere con los “huertos de la esperanza”?

“Los empecé con las viudas de los agricultores de la India que se suicidaron, desesperados por sus deudas económicas y por perder sus tierras. Lo que cultivan las huertas de la esperanza es eso, esperanza, y en ese proceso también reciben comida.”

¿Cómo se puede tener uno?

“Cada espacio comunitario debería convertirse en una huerta, porque hay dos cosas que escasean hoy: la esperanza y el buen alimento.

Un huerto de la esperanza puede ser una matera en un balcón, si es el único espacio que tienes.

Ahora trabajo con los griegos que ya cultivan comida en terrazas y balcones y producen semillas para enviar a Siria. También buscamos crear mil huertos de la esperanza en Katmandú (Nepal) con las víctimas del terremoto que lo perdieron todo”.

En lo personal, ¿por qué una doctora en física termina defendiendo la biodiversidad y la justicia ambiental?

“La vida te enseña algo más de lo que estudias en una maestría o doctorado. Los principios que he aprendido a través de la teoría cuántica son los que aplico en mi trabajo en biodiversidad.

Se puede pensar que los títulos académicos dan un estatus especial o que cada persona tiene conocimiento. Por eso la biodiversidad, las mujeres campesinas, los artistas y muchos más son mis maestros”.

La han comparado con Gandhi: él impulso una revolución de noviolencia, ¿cuál es la suya?

“Es una comparación inadecuada. Gandhi fue Gandhi.

Soy solo una entre muchas mujeres activas que está diciendo que otro mundo es posible y alertar que la vida está siendo colonizada a través de la ingeniería genética, las patentes de propiedad y la destrucción de la biodiversidad.

Mi trabajo lo inspiran dos dimensiones de la revolución de Gandhi: el concepto de swaraj, que significa auto-organización o libertad, yo trabajo por el swaraj de la semilla, así como lo hizo Gandhi con sus telares y no ser esclavizados por los británicos; y su segundo regalo es la satyagraha, que significa la fuerza de la verdad o luchar por la verdad para decirles a compañías como Monsanto que ellos no inventaron las semillas y que no las vamos a aceptar, como hizo Gandhi frente al monopolio de la sal y marchó hacia el mar”.

¿Cuál es su percepción de Colombia?

“Me han inspirado varias cosas como que sea privilegiado con el regalo de ser un centro de la megabiodiversidad, y por eso tiene una gran responsabilidad; y que los campesinos, en 2013, impidieran una ley que convertía en ilegales semillas locales”.

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