¿Qué es el agronegocio?

Por Alianza Biodiversidad, Revista Biodiversidad, sustento y culturas #125, 04/08/2025
“El agronegocio es un modelo de agricultura que busca la ganancia como su meta principal y, para obtener más tierras, recursos y ampliar sus mercados, pretende desplazar a la agricultura campesina. En ese proceso intervienen una serie de actores: las grandes corporaciones de insumos (semillas, agrotóxicos y maquinaria), empresarios locales (por lo general grandes terratenientes), corporaciones de acopio, almacenamiento y distribución, corporaciones agroexportadoras e industrias procesadoras de bebidas y comida ultraprocesada”.

Durante milenios la agricultura ha estado en manos campesinas. La tierra, el agua, las semillas y los saberes comunitarios han sido los elementos claves de un proceso productivo orientado principalmente a la producción de alimentos y otros elementos básicos de la subsistencia. Sin embargo, desde inicios del siglo XX y en el marco de la expansión del capitalismo en el campo, la agricultura y la producción de alimentos se ha transformado, para facilitar el control empresarial a través de la incorporación en el proceso productivo de insumos químicos externos, la mecanización, la introducción de variedades híbridas con alta exigencia de insumos y bajo propiedad intelectual, la homogenización de cultivos, la globalización de los mercados agroalimentarios y la financiarización de la producción y el consumo. (Bravo, 2024) [ 1 ].

Aunque este modelo se inició en los países industrializados, con la Revolución Verde se fue expandiendo al mundo entero y se instauró el uso cada vez mayor de agrotóxicos y de mecanización.

En una etapa más reciente, el capital transnacional también ha logrado imponer la ingeniería genética de las semillas en varios países y ha avanzado con la introducción de otras nuevas tecnologías como la digitalización de la agricultura. Esta forma de producción agrícola en manos empresariales, orientada principalmente a la producción de commodities, de mercancías destinadas al comercio, principalmente internacional, es denominada agronegocio.

El agronegocio justifica su expansión con el discurso del progreso y la modernización —tal como lo señala Montecinos (2025)— [ 2 ] hay un “avance del capital sobre el campo, y el capital siempre avanza con un afán de convertir en negocio lo que antes era un bien común o un trabajo colectivo o un proceso social. El negocio y la ganancia no son para todos, sino para el capital y cada vez más, para el gran capital”.

El agronegocio es un modelo de agricultura que busca la ganancia como su meta principal y, para obtener más tierras, recursos y ampliar sus mercados, pretende desplazar a la agricultura campesina. En ese proceso intervienen una serie de actores: las grandes corporaciones de insumos (semillas, agrotóxicos y maquinaria), empresarios locales (por lo general grandes terratenientes), corporaciones de acopio, almacenamiento y distribución, corporaciones agroexportadoras e industrias procesadoras de bebidas y comida ultraprocesada. Este gran negocio dominado por corporaciones transnacionales, está impulsado y respaldado por los gobiernos, por organismos y actores financieros internacionales, además del apoyo de medios empresariales de comunicación y actores científicos y/o académicos que buscan legitimar esta cadena de producción agrícola, pecuaria y alimentaria industrial (Palau, 2015) [ 3 ].

Así, “el agronegocio abarca todas las fases del metabolismo social ‘agroalimentario’, incluyendo la producción agrícola, ganadera o acuícola, su transformación (agroindustria empresarial); la distribución y almacenamiento y su consumo final, que antes de llegar a minoristas y consumidores individuales es intermediado en un alto porcentaje por grandes cadenas de supermercados y otras empresas. Incluye también la fabricación y distribución de insumos agrícolas, servicios logísticos asociados, servicios bancarios relacionados, etcétera” (Bravo, 2024).

La producción de rubros del agronegocio se da principalmente a gran escala con extensos monocultivos (como la soja en el Cono Sur de América Latina, la palma aceitera en Colombia o el cacao en Ecuador) aunque también se produce con esta lógica en pequeña escala, cuando campesinas y campesinos “dedican toda o casi toda su tierra para insertarse en cadenas productivas industriales, en las que ocupan los eslabones más débiles y vulnerables” (Bravo, 2024).

La dinámica expansiva del agronegocio se da en territorios indígenas y campesinos generando así una alta expulsión de comunidades, ya sea por la contaminación de sus cultivos —eliminando las condiciones de vida— o por la violencia ejercida por el Estado; se da imponiendo la siembra de semillas producidas y patentadas por las corporaciones, poniendo en riesgo las semillas nativas y criollas, generando así una dependencia cada vez mayor; se da con un aumento exponencial del uso de potentes agrotóxicos que contaminan la tierra y los cursos de agua, destruyendo ecosistemas y provocando un verdadero ecocidio; se da con tasas cada vez mayores de deforestación para la ampliación de la frontera agrícola; se da violando sistemáticamente derechos humanos, afectando particularmente el derecho a la salud y la alimentación de la población urbana y rural. Además, tal como lo señaló Silvia Ribeiro, ya en el año 2010 [ 4 ] “la agricultura industrial, según los autores que se tomen, es responsable del 44 al 50 % de los gases con de invernadero, y además usa el 70 % del agua del planeta”.

Así, aunque el agronegocio “podría verse como un sistema eficiente, ignora los impactos de este modelo en la naturaleza, las poblaciones rurales y quienes consumen el producto final. Irónicamente, aunque su presencia implica fuertes transformaciones territoriales, sus impactos se extienden a los rincones más recónditos del planeta” (Bravo, 2024).

En última instancia, el modelo del agronegocio busca el control de toda la producción de alimentos, para lo cual necesita arrebatar a las comunidades sus territorios, semillas y saberes, y frenar el tránsito hacia la soberanía alimentaria.

Notas:

[ 1 ] https://www.accionecologica.org/un-retrato-del-agronegocio-en-el-ecuador/

[ 2 ] https://grain.org/es/article/7241-no-olvidemos-nuestra-relacion-con-las-semillas

[ 3 ] https://www.baseis.org.py/wp-content/uploads/2015/12/2015Dic_ConLaSojaAlCuello.pdf

[ 4 ] https://www.biodiversidadla.org/Noticias/Entrevista_con_Silvia_Ribeiro_dos_modelos_de_agricultura_frente_a_frente

The Underground Network

By Paul Tullis

On the eastern flank of the tiny constitutional monarchy of Lesotho, about 225 kilometers from Durban, South Africa, sits the village of Ha Mokoto. Its residents are eking out a living in a manner not dissimilar to how their ancestors eked out a living 200 years ago, when Basotho people, led by King Moshoeshoe I, fled to the mountains to escape colonial strife in what is today South Africa. They tend to livestock and grow corn and sorghum, a starchy grain similar to quinoa or bulgur that’s cooked in large pots and stirred with a long stick into a thick paste. Circular homes called rondavels are fashioned from a base of stones and mortar made out of dung and fine dirt harvested from termite mounds and topped with a conical roof of grass supported by beams from poplar trees.

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La polinización, el entendimiento y los cuidados

Por Itziar Urquiola Guerrero,  Revista Biodiversidad, sustento y culturas #125, 05/08/2025
“La polinización es un proceso medular para los territorios, gestado desde prácticas previas que incumben a cada especie desde su colmena, nidos o moradas, y las maneras en cómo el medio ambiente les fortalece permitiendo los equilibrios necesarios para la reproducción de la vida, donde polinizadores abejas, meliponinos, mariposas, colibríes, murciélagos, avispas, mosquitos y más, así como las plantas con flor, llegan al punto de madurez y fortaleza que les permite salir, brotar, mostrarse hacia fuera y comenzar a ejercer el lenguaje de la reciprocidad”.

Llegan a las flores, rondan un poco, volando recuerdan, reconocen; atraídas por olores y colores se posan en alguna orilla, pétalo, pistilo u hoja, hasta deslizarse poco a poco al centro. Algunas retozan y otras empiezan a averiguar la flor. Bañadas en polen van de flor en flor y al ser llamadas por la curiosidad, el color y el olor, vuelven a caer al centro de otra flor. Llevan el polen a través de sus cuerpos y patas, entonces viajan y polinizan, lo que asegura una reproducción, el nacimiento de un fruto que dará vida a otro, a otro y a otro.

Germinar vida interespecie, yendo de aquí para allá, recolectando granitos repletos de información, noticias, conocimientos y algún mensaje preciso entre territorios; acarreando, desplegando el movimiento necesario y apasionado que le permite a la planta su fruto.

Unión de biodiversidades que germinará en vida: semillas que al madurar quedarán en resguardo, llevando la exquisita convocatoria y asegurando su continuación: ser devuelto al suelo por alguna ave, mamífero o bicho, y seguir el ciclo, haber logrado sobrevivir la incertidumbre propia de la vida.

Hace unos veinte años que comencé a relacionarme con las abejas. Empecé ayudando a sus cuidados hasta aprender apicultura y sostener mi apiario, permitiéndome aprender las maneras de cómo entender el cultivo y la relación con lo que lo rodea. Desde que trabajo con ellas, ha tomado mi atención detenerme y apreciar cómo y cuáles son los efectos de estar cerca de los lenguajes que están y han estado presentes en los territorios, que no son humanos, y que se desenvuelven desde otros lugares, otras maneras de conocer y sentir, para inspirarnos y caminar ensayando la continuación de la vida, siendo uno más dentro de la comunidad bosque, valle, selva, costa o semidesierto.

Me he preguntado desde hace tiempo, y ahora a cada paso organizativo y en cada conversación, cómo esto puede contribuir en la organización de nuestros significados y nuestros pensamientos, cómo puede sembrar ideas y consideraciones que hablan de lo vivo, desde lo vivo y para lo vivo. Que no lo tratan de controlar, dominar o poseer, sino potenciar sus ciclos.

La polinización es un proceso medular para los territorios, gestado desde prácticas previas que incumben a cada especie desde su colmena, nidos o moradas, y las maneras en cómo el medio ambiente les fortalece permitiendo los equilibrios necesarios para la reproducción de la vida, donde polinizadores abejas, meliponinos, mariposas, colibríes, murciélagos, avispas, mosquitos y más, así como las plantas con flor, llegan al punto de madurez y fortaleza que les permite salir, brotar, mostrarse hacia fuera y comenzar a ejercer el lenguaje de la reciprocidad.

Mis maestros me contaron que antes de la llegada de la apis mellífera a América, cada planta con flor tenía su propio polinizador, hecho a su única y particular medida. Así esto que llamamos naturalezas ha ido trazando sus propios criterios de colaboración. Desde el color y su meneo, tomando en cuenta el instinto de exploración y recolecta, hasta sus ritmos de descanso y movimiento coincidentes con la fase más álgida de disposición de la flor: el flujo, un llamamiento para ejercer la reciprocidad.

Impregnadas desde las antenas hasta el último pelo en sus patas, provistas en sus extremidades de sagaces herramientas, cual extensiones del cuerpo que les son útiles para la recolecta y sus intercambios [1]. Amarillos, anaranjados y algunos granos pálidos blancos, ricos en proteínas, aceites, minerales y oligoelementos que les permiten criar, hacer papillas minuciosamente equilibradas según la edad y trabajo de cada abeja, mantener fuerte su colmena, sana, capaz para continuar la labor con el territorio.

El pecoreo necesario de néctares, pólenes, agua, resinas (propóleos), y en ese mapeo, ubicar y compartir el saber con su colmena. Compartir su experiencia sobre las fuentes de alimentación, entender la manera de hacer los intercambios, de tal manera que cada visita guarde información precisa que les permite llegar a la floración. Una vez en el flujo, las maneras de recolectar, almacenar, prever, definen características sobre cada visitante, así como de las flores que harán su transmutación para seguir alimentando al territorio.

Mamíferos vendrán a comer las frutas que fueron polinizadas, y las abejas almacenarán el néctar y polen, convirtiéndolo en panales nuevos y limpios para poner a su nueva progenie, papillas frescas que les permitirán seguir manteniendo vasta la población de su colmena, al punto de crecer y dividirse, entregando al medio, o a los apicultores que saben aprovechar, un nuevo enjambre.

En la colmena, el alimento se guarda con organización, modo y maneras peculiares y cuidadosas: el polen es tratado y guardado para que pueda seguirse utilizando, y llegar a las temporadas de escasez con reservas. La miel, que entró como néctar, procesado por la saliva de las abejas, es conservado de tal manera que pierde su humedad, para no correr riesgos de contaminación o exceso de fermentación, generando las consistencias densas que conocemos.

Así lo hacían nuestras familias, así en resquicios de comunidad se sigue haciendo, conservando los saberes aprendidos en el territorio y con el territorio. Desde las recolectas de alimentos, hasta el cultivo, pasando por las maneras de conservar alimentos. Lo que permite y desata la trama de la polinización, los modos de alimentar, de hacer medicina, de hacer dulces y postres, bebidas y menjurjes para la familia, el pueblo, la comunidad.

Tantas palabras que vienen de imágenes vivas que siguen cursos que hablan de la continuidad y la prolongación de la vida.

Pienso que estos entendimientos pueden ser convocantes y generosos en las reflexiones y búsquedas sobre lo que enfrentamos hoy como territorios, con especies, suelos, nubes, agua, árboles, hongos, plantas y fuego. Partiendo siempre de entender que el territorio no sólo es un espacio, es un lugar, es decir es un denso tejido entre seres humanos y no humanos.

Caminar informados por las sabidurías de los insectos y sus relaciones con las plantas, quienes en comunidad mantienen desde miles de años unos de los más importantes hilos rojos de la vida. Procesos asombrosos, complejos y vitales, donde a pesar de la constante desaparición de sus fuentes de vida, al ser contaminadas-intoxicadas, convertidas-transformadas en otra cosa, vaciadas, esterilizadas o acabadas, encuentran grietas para vivir, o estrategias para sobrevivir, donde está en juego la salud no de una sola especie, sino de comunidades enteras y entonces de territorios.

Cuando salimos de nuestros centros de vida, del hogar que nos crece, aprendemos, compartimos, desarrollamos habilidades y recordamos, nos movemos en el mundo. Salimos, llevamos y traemos información, mensajes, de dentro hacia fuera, de fuera hacia dentro. Trazamos rutas de aprendizajes y conocimientos, hacemos vínculos y éstos los procuramos, los cultivamos, les damos tiempo, cuidado, atención y seguimiento, nos dejamos informar por ello.

Con los amigos pensamos juntos en ideas, sueños, deseos, que nos gustaría hacer, los caminamos por un tiempo, y cuando se llega su momento, empezamos a extender la palabra y la acción para acuerparlos. Así nacen los proyectos, que necesitan de diferentes para ser sostenidos, y de ahí su desarrollo y mantenimiento en el tiempo. El complejo camino de organizarnos con otros y con otras puede estar inspirado e informado por la polinización, y entender la polinización como metáfora de una labor de vinculación, germen y reproducción que es por los y las diferentes que es posible concretar su vida y su existencia

La polinización interpela los múltiples lenguajes capaces de provocar ese movimiento que requiere cada planta con flor para ser fecundada. El viento, los movimientos de los seres que se acercan y logran hacer vibrar a la flor, pero por sobre todo la relación que mantiene cada cómplice, vuelven este proceso una bella ranura para entender lo que implica el dar vida a proyectos desde las múltiples especies que somos, y hablar de nuestros movimientos. Los vínculos desde las relaciones que más bien necesitan de la diferencia para prosperar cada vez mejor, y que desde la diferencia conllevan movimientos determinados, cuidan y provocan la reproducción de la vida.

Nota:

[ 1 ] Ganchos, espolones, cepillos, peines, pinzas y canastas para transportar el polen.

How Artisan Grains Helped Skagit County Rebuild Its Economy

by Jason Dove Mark

Compared to the high plains of Kansas or the rolling fields of eastern Montana, Skagit County, Washington, is something of a backwater when it comes to wheat production. Yet over the past 15 years, the Skagit Valley has emerged as a national hot spot for innovations in grain breeding, artisan-scale milling, and experimental baking.

This broad alluvial plain, graced by the chiseled peaks of the North Cascades to the east and the forested humps of the San Juan Islands to the west, is home to the Breadlab, which develops highly nutritious, climate-adapted varieties of wheat, rye, and other grains. One of the nation’s two King Arthur Baking Schools shares space with the lab. Cairnspring Mills, a favored flour purveyor for bakeries across the Pacific Northwest, is around the corner, and at the nearby Breadfarm bakery, the line of people waiting for baguettes, cookies, and massive miche loaves on summer weekends stretches around the side of building.

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Dead Trees Support a Bounty of Birdlife, but Preserving Them Isn’t Always Clear Cut

By Ashley Stimpson

When Mark Benedict and his wife, Mary Shaw, moved in 2017 to Salmon Prairie, Montana, a remote enclave about two hours north of Missoula, they felt like they had won the retirement lottery. Their property offered epic views of the Swan and ­Mission Mountain ranges and was bordered by public land. It was almost everything they had dreamt of during their long careers in Washington State.

There was just one wrinkle: The woods beside their dream home hadn’t been logged since the 1950s and were due for it sooner or later. The U.S. Forest Service (USFS) managed the tract, including to harvest timber for wood products and to prevent deadly wildfires. Having spent a decade as a technician with the USFS, Benedict knew a harvest could significantly alter the character of the landscape they loved so much. “I went in with my eyes open,” he says.

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