Comer por colores: cómo las frutas y verduras benefician la salud de las personas y del medio ambiente

Por Noticias Ambientales, 20/08/2025

El consumo diario de frutas y verduras es esencial para mantener una vida saludable, pero también para contribuir a un estilo de vida más sostenible. Sus tonalidades no son un detalle estético: cada color refleja un conjunto de nutrientes que aportan beneficios específicos al organismo.

En muchos hogares, sobre todo cuando se trata de niños, incluirlas en la dieta no siempre resulta fácil. Sin embargo, conocer qué aporta cada grupo de colores puede motivar a incorporarlas con mayor entusiasmo. Comer variado no solo mejora la salud personal, también reduce el desperdicio y favorece un consumo más consciente.

Las frutas y verduras rojas, como el tomate, la fresa o la sandía, son ricas en vitamina C, potasio y licopeno. Este último es un antioxidante que contribuye a la salud cardiovascular, protege frente a enfermedades neurodegenerativas y refuerza al sistema inmune.

Las de color anaranjado o amarillo, como zanahorias, naranjas y calabazas, destacan por su contenido en betacarotenos, que se transforman en vitamina A. Este nutriente protege la visión, fortalece la piel, cuida los huesos y ayuda al sistema inmune a defenderse de infecciones.

El arcoíris de beneficios en tu plato

El grupo verde incluye alimentos como brócoli, espinaca, lechuga o kiwi. Son ricos en hierro, calcio, ácido fólico, clorofila y fibra, además de vitaminas A, C, B, E y K. Sus glucosinolatos ayudan a prevenir ciertos tipos de cáncer y su luteína protege la vista gracias a su acción antioxidante.

Por su parte, las frutas y verduras moradas, como arándanos, uvas, berenjenas y remolachas, contienen flavonoides como antocianina y quercetina. Estas sustancias refuerzan la capacidad antioxidante del cuerpo, favorecen la función diurética y ejercen propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas.

Finalmente, las de tonos blancos, como cebolla, champiñones, ajo o plátano, destacan por su efecto protector del corazón. La alicina presente en el ajo, la cebolla y el puerro ofrece propiedades antibacterianas, antivirales y antifúngicas, además de reducir el colesterol y la inflamación.

Consumir un abanico de colores a lo largo de la semana permite cubrir diferentes necesidades nutricionales y aprovechar la diversidad que ofrece la naturaleza. A la vez, la variedad en el consumo incentiva a aprovechar la producción local y estacional, disminuyendo la huella ambiental de los alimentos.

Cómo incorporarlos a la alimentación diaria paulatinamente

El cambio hacia una dieta rica en frutas y verduras no necesita ser inmediato. Incorporarlos poco a poco es una estrategia efectiva para que se conviertan en parte de la rutina sin generar rechazo, especialmente en los más pequeños.

Una forma práctica es añadirlos como complemento en platos habituales. Por ejemplo, incluir pimientos rojos en una pasta, zanahoria rallada en ensaladas o banana en batidos. Estas pequeñas sumas aumentan el valor nutricional sin modificar drásticamente los sabores conocidos.

Otra estrategia consiste en aprovechar los momentos de snack o merienda para elegir frutas de distintos colores. Un tazón de uvas, rodajas de kiwi o palitos de apio con hummus pueden reemplazar opciones ultraprocesadas y aportar frescura con beneficios inmediatos.

Finalmente, es clave adaptar las recetas tradicionales. Preparar sopas con calabaza, guisos con legumbres y verduras verdes, o postres con compotas de manzana y pera son formas sencillas de incorporar más colores sin cambiar los hábitos de forma brusca.

Colores y beneficios

Adoptar una alimentación variada y colorida no solo impacta positivamente en la salud, también contribuye al cuidado del medio ambiente. Elegir frutas y verduras frescas, de temporada y producidas localmente reduce el transporte de alimentos y, con ello, las emisiones de gases de efecto invernadero.

Cada color en el plato representa una oportunidad: de mejorar la calidad de vida, de generar menos desperdicio y de promover un consumo responsable. Incorporarlos paso a paso es la mejor forma de crear un hábito sostenible en el tiempo, beneficioso para las personas y para el planeta.

El nopal es historia, sabor y orgullo de México

Por Clara Aceves, Revista La Campiña, 22/08/2025

MÉXICO.- Si hay un alimento que nos representa dentro y fuera del país, ese es el nopal. No solo porque aparece en el escudo nacional como parte de la leyenda mexica de la fundación de Tenochtitlan, sino porque es un verdadero tesoro en la cocina, en la salud y hasta en el medio ambiente.

Y es que, ¿quién se resiste a unos nopalitos asados con queso, en ensalada con jitomate y limón, o en un licuado fresco para el desayuno? Esta verdura es un todoterreno de la gastronomía mexicana, capaz de estar en guarniciones, platos fuertes y hasta bebidas.

Además de delicioso, el nopal es nutritivo y saludable: fortalece el sistema inmune, ayuda a controlar la glucosa, mejora la digestión y aporta vitaminas y minerales esenciales. Todo eso mientras beneficia al planeta, ya que absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono.

Un símbolo con raíces profundas

Desde tiempos prehispánicos, el nopal ha estado presente en códices, pinturas y nombres de pueblos. También ha sido útil en la ganadería, en la construcción y hasta en la producción del famoso tinte rojo carmín, elaborado a partir de la cochinilla de nopal.

Un cultivo con impacto

En 2024 se cosecharon más de 844 mil toneladas de nopalitos en el país, con un valor superior a los 3 mil millones de pesos. Los principales productores son Morelos, Ciudad de México, Estado de México, Puebla y Michoacán.

Y por si fuera poco, nuestro “oro verde” viaja lejos: se exporta a 35 países, desde Hungría hasta Emiratos Árabes. Nada mal para una planta que prospera en condiciones difíciles y que sigue siendo parte esencial de nuestra identidad y soberanía alimentaria.

Así que la próxima vez que veas un nopalito en tu mesa, recuerda: no es solo comida, es historia, salud y orgullo mexicano.

Guía práctica de higiene alimentaria: cómo lavar frutas y verduras frescas para evitar enfermedades

Por Noticias Ambientales, 23/08/2025

Incorporar frutas y verduras frescas en la alimentación diaria es clave para mantener una dieta equilibrada. Sin embargo, muchas veces se subestima la importancia de lavarlas correctamente, lo que puede exponer a la población a residuos químicos, microorganismos y tierra que afectan la salud.

Incluso los productos provenientes de ferias locales o huertas familiares pueden contener restos de pesticidas, por lo que aplicar una limpieza adecuada es esencial para prevenir infecciones gastrointestinales, como las causadas por la bacteria Helicobacter pylori.

Paso previo: higiene de manos antes de manipular alimentos

Antes de tocar frutas o verduras, es fundamental lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 60 segundos, prestando atención a las palmas, uñas, espacios entre los dedos y dorso de las manos.

Luego, se recomienda secar con papel descartable o toalla limpia, evitando el uso de paños húmedos que puedan contener bacterias.

Lavado básico de frutas y verduras: técnica correcta

Agua corriente, fricción manual y atención a las hojas.

  • Frutas y vegetales con cáscara dura: frotar bajo agua fría con las manos o un cepillo limpio.
  • Verduras de hoja (lechuga, espinaca, acelga): separar hoja por hoja y lavar cuidadosamente para eliminar tierra, insectos o residuos ocultos entre los pliegues.

Métodos caseros para desinfectar frutas y verduras

Tres opciones seguras y accesibles para reducir riesgos microbiológicos.

Con vinagre

  • Usar vinagre blanco, de manzana, sidra o malta.
  • Mezclar ½ taza de vinagre por 1 taza de agua.
  • Remojar los alimentos entre 15 y 20 minutos.
  • Enjuagar bajo agua corriente durante 1 a 2 minutos para evitar alteraciones en sabor o aroma.

Con bicarbonato de sodio

  • Disolver 1 cucharadita por cada taza de agua fría.
  • Remojar durante 15 a 20 minutos.
  • Enjuagar con agua potable.

Con lavandina apta para alimentos

  • Verificar que sea sin perfume y autorizada para uso alimentario (leer etiqueta).
  • Mezclar 3 gotas por cada litro de agua potable.
  • Sumergir durante 5 minutos.
  • Enjuagar muy bien con agua potable.
  • No usar lavandinas concentradas, perfumadas o no aptas.

¿Es seguro usar detergente para lavar frutas y verduras?

El detergente puede utilizarse muy diluido (unas gotas en 1 litro de agua), pero no es lo más recomendable.

Puede dejar residuos de sabor u olor si no se enjuaga correctamente. Si se opta por este método, asegurarse de enjuagar con abundante agua corriente.

Cocción al vapor: temperatura mínima para eliminar gérmenes

Una alternativa segura que preserva nutrientes

Si se consumen frutas o verduras cocidas al vapor, es importante que la temperatura alcance al menos 60 °C, lo que permite eliminar la mayoría de bacterias y microorganismos, sin perder sabor ni propiedades nutricionales.

Riesgos de no lavar correctamente frutas y verduras

Contaminación invisible que puede derivar en enfermedades graves.

Además de tierra y pesticidas, los alimentos mal lavados pueden transmitir bacterias como Helicobacter pylori, que se aloja en el estómago y puede provocar:

  • Gastritis crónica
  • Úlceras gástricas
  • Dolor abdominal y náuseas
  • En casos severos, mayor riesgo de cáncer gástrico

Esta bacteria se transmite por vía oral-fecal, por lo que una verdura contaminada puede ser una fuente directa de infección.

Recomendaciones al momento de comprar frutas y verduras

Seleccioná alimentos que no tengan golpes, rajaduras ni zonas blandas, ya que estas áreas pueden favorecer la proliferación de microorganismos. Incluso si se van a desinfectar, es mejor partir de un producto fresco y sin daños visibles.

Dato extra: frutas con cáscara no comestible como melón, sandía o palta también deben lavarse antes de cortarlas, ya que el cuchillo puede arrastrar bacterias desde la superficie al interior.

Maíces nativos en México: incentivar su consumo y defensa

por Mercedes López Martínez

México es centro de origen, domesticación y diversificación permanente del maíz, con 64 razas y cientos de variedades sembradas a todas alturas, desde el nivel del mar hasta las altas montañas; en climas diversos, calurosos, lluviosos o áridos; de diversos colores: blancos, amarillos, azules, negros, rojos, moteados… Es insumo para artesanías y construcción; medicina natural; centro de ritos y celebraciones religiosas a lo largo y ancho del territorio, así como abono orgánico.

Pero sobre todo, desde hace 10 mil años, el maíz es base de una alimentación sana, de calidad, tradicional y local, con cientos de bebidas y alimentos tradicionales: tortillas, quesadillas, tostadas, huaraches, esquites, atoles, tamales, sopes, tlayudas, pozole, palomitas, tamales, nicoatole, tejate, tejuino, pozol, entre otros, y es parte de la diversidad y patrimonio biocultural de México. En tiempos recientes, la defensa de los maíces nativos en México ha sido el centro de una batalla política, mediática, legislativa, económica y a nivel soberano que, afortunadamente, se ganó a favor de la biodiversidad de las generaciones presentes y futuras, con las reformas a los artículos 4o y 27 de la Constitución Política Mexicana.

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Agrotóxicos en el aire, el agua y en las personas de ciudades: lo confirmó una investigación científica censurada en Argentina

Por Anabel Pomar, Tierra Viva, 01/08/2025
Una investigación de la Unión Europea confirmó la presencia de decenas de agrotóxicos en personas, aire, agua, suelo y alimentos. El trabajo científico, que se realizó durante cinco años y abordó once países, es una prueba contundente del envenenamiento que sufre la población (tanto rural como urbana), de la contaminación ambiental y de la desidia de gobiernos y empresas.

Agrotóxicos en aire, agua, suelo y en las personas del campo y la ciudad. La contaminación y el envenenamiento producto del agronegocio está confirmado ahora también por un estudio científico europeo que fue censurado en Argentina. “Transición Sostenible de Protección Vegetal (Sprint)”, es el título del trabajo realizado durante cinco años por académicos de once países y que detalló el grave impacto del modelo agroindustrial en la salud de la población y en el ambiente.

Los países con población estudiada fueron Argentina, Francia, España, Portugal, Italia, Países Bajos, Suiza, Dinamarca, República Checa, Croacia y Eslovenia. Los plaguicidas encontrados se cuentan por decenas. Las mezclas de varios de ellos fue una constante en todas las matrices, tanto en Europa como en Argentina. Dentro de los más hallados se encuentran herbicidas como el glifosato, su metabolito AMPA, 2-4D e insecticidas de base piretroide.

En Argentina los muestreos fueron realizados en el sudeste de la provincia de Buenos Aires. Y todas las personas testeadas tenían glifosato en su cuerpo (tanto las que viven en el campo como las que habitan la ciudad). Respecto de las concentraciones, los suelos de Argentina tienen un promedio de agrotóxicos más alto que el de Europa; en las plantas eran iguales, y en el aire de las casas y en el agua también eran más altos. En cuanto a los valores en las personas, los plaguicidas en la materia fecal de las muestras de Argentina fueron muchos más altos.

El trabajo se desarrolló durante cinco años (2020 a 2025) y Argentina fue el único país fuera de la Unión Europea, ya que sus exportaciones (granos y carnes) son consumidas en ese continente. Los hallazgos fueron alarmantes. Confirmaron que peligrosos agrotóxicos están presentes en cuerpos, ambiente y alimentos, incluso allí en dónde no son utilizados.

Los agrotóxicos encontrados en Argentina fueron glifosato, su metabolito AMPA, Atrazina, Metolacloro, 2,4-D, clorpirifos. Insecticidas como Fipronil, Imidacloprid, Cipermetrina. Fungicidas como el Tebuconazol, entre otras peligrosas sustancias que representan un riesgo para la salud y el ambiente.

“Escuelas pulverizados a solo diez metros de distancia”

Los expertos concluyeron que es urgente la reducción del uso de plaguicidas. También afirman con preocupación que los estándares de control actuales (para evitar los riesgos tanto para la salud humana como para el ambiente) no son suficientes.

La riesgosa situación es posible, fundamentalmente, porque los plaguicidas son autorizados de modo aislado y lo que llega efectivamente a los cuerpos y territorios es un cóctel de venenos cuyos efectos no se contempla a la hora de designar la peligrosidad, ni analiza la toxicidad de la exposición a largo plazo. La investigación concluye que hay evidencia suficiente para determinar que ese efecto es absolutamente negativo.

“Necesitamos replantearnos cómo definimos y medimos el riesgo”, asegura Violette Geissen, coordinadora general del proyecto Sprint. “No basta con analizar una sustancia en un laboratorio, sino que debemos observar cómo se comportan las mezclas reales en condiciones reales. Esto incluye comprender cómo se mueven los pesticidas a través del suelo y el agua, cómo se combinan con otros contaminantes como los microplásticos y cómo se acumulan con el tiempo. Sprint ha demostrado que podemos recopilar este tipo de datos. Pero significa alejarse de una visión estrecha, químico por químico y adoptar un modelo más holístico”, enfatiza.

Iván Villareal vive en Laguna Brava —municipio bonaerense de Balcarce— y es una de las 73 personas que participó como voluntario en los muestreos argentinos. Le detectaron siete agrotóxicos en sangre, doce en orina, seis en materia fecal y respira 17 plaguicidas diferentes en su vida diaria, aunque él no utiliza ninguno. Todos peligrosos para la salud. “Y eso parece no importarle a nadie”, denunció ante Agencia Tierra Viva. “A las autoridades locales, menos, ya que hacen como si nada pasara”, enfatizó.

Enterado de la finalización del proyecto, cuestionó: “La única vez que el INTA nos dijo algo fue a puertas cerradas, el que era el Director, nos formalizó la entrega de los estudios personales, y nunca más nadie se comunicó. Fuera de eso tampoco ninguna persona del sector salud se nos acercó. Nadie. Y a pesar de los hallazgos no tenemos ninguna protección concreta que aleje a esos plaguicidas de nuestros hogares. Acá tenemos escuelas y jardines de infancia que son pulverizados a solo diez metros”.

No es el cierre de proyecto que esperaba y mucho menos el que necesita, tanto él como el resto de las personas que habitan esos ambientes fumigados. “El que decidió salirse del proyecto fue el anterior Gobierno. El actual directamente quiere que el INTA desaparezca. Es decir, estamos peor todavía”, afirmó, pero también dejó un aviso: por la salud de todos y por las infancias, no piensa bajar los brazos, ni dejar de denunciar.

Tóxicos y más tóxicos

Los resultados finales fueron presentados en Bruselas (Bélgica), el 25 de junio en una conferencia pública. Resaltaron la presencia de, en un rango general, de 78 a 115 plaguicidas biocidas en las matrices analizadas. Un total de 99 plaguicidas en el aire, 100 en el suelo de cultivos, 78 en los cultivos, 99 en sedimentos en terrenos agrícolas y 115 en agua dulce. Muchos de esos plaguicidas en concentraciones mayores a las permitidas en la Unión Europea y algunos, como el DDT, prohibidos desde hace décadas.

Las personas testeadas dentro del proyecto recibieron una pulsera que monitoreaba la exposición directa de esas personas a los venenos. Los datos señalan que las personas están expuestas hasta 173 agrotóxicos. También fueron tomadas muestras de orina, materia fecal y sangre. En esos fluidos se detectaron unos 90 plaguicidas biocidas en total (hasta cinco por muestra).

Se determinó que en el interior de los hogares de personas que utilizan agrotóxicos hay un promedio de 80 plaguicidas. dentro de los hogares de personas que cultivan de modo agroecológico también hay residuos en polvo: se detectaron hasta 65 plaguicidas. El 43 por ciento de ellos son potencialmente cancerígenos y disruptores endocrinos.

La mayor parte de los plaguicidas hallados tienen dentro de su peligrosidad la capacidad de alterar y dañar la flora intestinal. Un microbioma intestinal desequilibrado puede afectar la digestión, las hormonas y la salud física y mental. Las pruebas también indican que la exposición a algunos pesticidas puede influir en el comportamiento social a través de cambios en el microbioma que afectan al cerebro.

Los impactos de los agrotóxicos son más perjudiciales en los bebés prenatales y los niños pequeños, señalan los investigadores del proyecto Sprint, incluso en dosis bajas: “Se necesitan más precauciones para reducir su exposición. La forma en que se prueban los plaguicidas antes de su aprobación debe considerar los efectos a largo plazo y centrarse en grupos sensibles, como los niños”.

Situación en Argentina

Los resultados de los testeos en Argentina lo ubican como el país con mayor cantidad de peligrosos plaguicidas como el glifosato y el clorpirifos. Y alertan que los cócteles de sustancias se encuentran en volúmenes muy por encima de las halladas en territorios y cuerpos europeos. Incluso cuando los pesticidas individuales pasan las “pruebas de seguridad” de las empresas, sus efectos combinados en el ambiente pueden ser mucho más fuertes y representar riesgos para la vida silvestre y los ecosistemas.

Del muestreo en Argentina participaron 73 personas. De ellas, un tercio eran consumidoras, un tercio habitantes de pueblos pequeños y “vecinos de productores” y el otro tercio era productores agropecuarios de los cuales la mitad usa plaguicidas y la otra mitad trabaja de forma agroecológica. También se incluyó un monitoreo en 14 establecimientos rurales. Se tomaron muestras en ambiente, alimentos, grano y muestras biológicas en animales.

Los resultados desagregados indican que:

  • “El total de participantes argentinos presentó un rango de 6 a 13 plaguicidas en orina, un rango de 2 a 10 plaguicidas en sangre y un rango de 0 a 18 plaguicidas en materia fecal”.
  • En los ambientes en las que esas personas se mueven a diario, “el total de participantes argentinos presentó un rango de 7 a 53 plaguicidas en las pulseras” de detección.
  • En alimentos: “El total de participantes argentinos presentó un rango de 6 a 22 plaguicidas en la muestra de alimentos”.
  • En el polvo del hogar: “El total de muestras analizadas en Argentina presentó un rango de 43 a 86 plaguicidas en polvo del hogar”.
  • Granos de cultivos: “El total de muestras analizadas en Argentina presentó un rango de 0 a 8 plaguicidas en grano”.
  • En animales: “El total de animales analizados en Argentina presentó un rango de 1 a 12 plaguicidas en orina, un rango de 0 a 16 plaguicidas en materia fecal”. (Los de sangre continúan pendientes).
  • En alimento para animales: “Un rango de 5 a 25 plaguicidas en alimento animal”.
  • En suelos: “El total de muestras analizadas en Argentina presentó un rango de 0 a 12 plaguicidas en suelo”.
  • Agua superficial: “En el total de muestras analizadas presentó un rango de 10 a 28 plaguicidas en agua superficial”.

Censura gubernamental

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fue el organismo que representaba a la Argentina en el consorcio de universidades y expertos de Sprint. Está identificado como “socio número 16, CSS11-Buenos Aires” dentro del proyecto y abandonó la investigación en 2023 mediante la Resolución 2023-399-APN-INTA, sin comunicar jamás, de manera oficial, los hallazgos de agrotóxicos en las personas y en el ambiente.

De ese modo, Mariano Garmendia y Nacira Muñoz, presidente y vice del INTA en ese momento, y el que era su Director Nacional (Carlos Parera), sellaron un final vergonzoso para la participación nacional. La censura tiene implicancias gravísimas ya que se trata de información relevante para la salud pública y la prevención de peligrosas enfermedades que es ocultada a la sociedad.

La responsable del trabajo en representación del organismo, la investigadora Virginia Aparicio, tiene prohibido hablar del tema, responder consultas de los medios de comunicación y enfrenta un sumario interno iniciado por Muñoz.

Pese a los intentos del silenciamiento, los resultados de lo hallado en Argentina forman parte de la presentación general, ya que el INTA salió del proyecto cuando los muestreos ya habían sido realizados.

Un cambio de modelo es urgente

El proyecto Sprint generó una nueva y extensa evidencia científica sobre los efectos de los plaguicidas en la salud y el ambiente. Y también, tras el análisis de lo relevado, produjo una serie de recomendaciones para los responsables políticos que deciden y permiten que esos agrotóxicos estén en los territorios. La investigación afirma que las políticas actuales no se ajustan a la realidad de lo que sucede efectivamente en los ambientes fumigados.

Entre las sugerencias más urgentes recomiendan:

Respecto del modo de testear y aprobar los plaguicidas. “Las evaluaciones de riesgos a menudo solo consideran sustancias individuales de forma aislada. Nuestra investigación muestra que las personas y los ecosistemas están expuestos a mezclas complejas. Los responsables políticos deben avanzar hacia evaluaciones más integradas y basadas en sistemas. También debemos apoyar a los agricultores en la transición a prácticas alternativas, ya que no podemos esperar cambios sin proporcionar las herramientas y los incentivos adecuados”.

Sobre la necesidad de producir de un modo respetuoso con el ambiente y sin utilizar tóxicos, en los resultados se puede adquirir información que además señala que el beneficio es también económico. “Los estudios demuestran que las explotaciones agroecológicas pueden reducir los costos de protección de cultivos y mantener buenas ganancias, especialmente con el apoyo gubernamental”.