El hambre y las mujeres

25/01/2013

El hambre y las mujeres

Por Gabriela Rodríguez, La Jornada, 25 de enero de 2013

En el desarrollo de la espectacular Cruzada Nacional contra el Hambre lo más difícil será que quienes encabezan la nueva administración nos convenzan de que se trata de un cambio estructural y no de un proyecto asistencialista, que se atacarán las causas profundas del hambre y la pobreza, que se irá más allá de la simulación ante los compromisos de México con el programa Hambre Cero, de la ONU. Porque realmente el reto es inverosímil: ¿cómo reducir a cero el hambre, terminar con la desnutrición infantil, aumentar la producción de alimentos y el ingreso de los productores agrícolas sin cambiar el programa económico y laboral de Enrique Peña Nieto?No dejo de valorar que el decreto publicado por la Secretaría de Desarrollo Social en el Diario Oficial de la Federación se focalice en los 7.4 millones que padecen carencia alimentaria severa y pretenda que la cruzada sea una estrategia de inclusión y bienestar social, que se invite a participar a los ciudadanos y alinear a los funcionarios para que se coordinen con los programas federales, estatales y municipales.

Pero mi escepticismo parte de lo distantes que están esas pretensiones de las políticas alimentarias que se vienen operando en las últimas tres décadas y lo cercana que resulta esa política respecto de la conocida estrategia Solidaridad que se implementó tan fallidamente desde que arrancó el gobierno de Salinas de Gortari y que continuó como programas Progresa y Vivir Mejor. Porque no se han impuesto las necesidades sociales a los intereses de los poderes empresariales o monopólicos en tales programas, ni hay elementos que apunten hacia un viraje o ruptura con el paradigma económico oficial en la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Teniendo todo el poder del Estado, ni siquiera se han atrevido a prohibir los alimentos chatarra en las escuelas, una de las más sencillas acciones para incidir a corto plazo en la desnutrición. Pero para terminar con el hambre es indispensable democratizar la economía, fortalecer la igualdad y la equidad de género, ampliar el acceso a la educación y a la salud de calidad, así como generar empleos dignos, pensiones y jubilaciones para hombres y mujeres, que, por cierto, van en sentido contrario a la reciente reforma laboral, la cual más bien debilitará las condiciones de las y los trabajadores. Informes del Coneval sostienen que hay más precariedad en los hogares encabezados por mujeres que en aquellos en los que se reconoce a un hombre como jefe, y que niñas, niños (0 a 5 años) y adultos mayores que pertenecen a hogares jefaturados por mujeres son a quienes más afecta la pobreza alimentaria.

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