Por Javier Flores, La Jornada, 25 de septiembre de 2012
Es muy importante situar en una dimensión correcta el artículo de Eric Séralini y sus colaboradores, en el que se reporta que la ingestión de una variedad de maíz transgénico provoca muerte prematura y daños orgánicos muy graves en ratas. Creo que es indispensable dimensionarlo, porque el debate que ha provocado desde que apareció publicado el pasado miércoles, comienza a rebasar sus significados estrictos para dar lugar a posturas extremas que van desde el rechazo absoluto al empleo de organismos genéticamente modificados (OGM) hasta la defensa a ultranza, incluyendo posiciones francamente anticientíficas y acusaciones sobre conflictos de interés. Sin desconocer que este debate existe desde hace varios años, es indispensable examinar estrictamente los hechos y extraer de ellos sus posibles significados y consecuencias para nuestro país.
¿Cuáles son los hechos? En primer lugar, la publicación del estudio referido en la revista Food and Chemical Toxicology realizado por un grupo de investigadores calificados. Se trata de una publicación científica prestigiada, cuyos contenidos son evaluados previamente por pares (de no ser así, no se explicaría el revuelo que ha causado). El trabajo de Séralini y sus colegas es importante, porque examina los efectos a largo plazo (dos años) de la ingestión de una variedad de maíz transgénico (MON-00603-6 llamada también NK603), cuando generalmente los estudios para demostrar la inocuidad de un OGM cubren un lapso menor.
El NK603, creado y patentado por la empresa Monsanto, es un maíz al que se le ha introducido un gen que lo hace resistente a herbicidas, los cuales contienen como principio activo una sustancia denominada glifosato. El objetivo del grupo europeo (participan científicos de Francia e Italia) se orienta a estudiar los efectos tanto del maíz transgénico como del herbicida.
Los animales se dividen en tres grupos: Los que se alimentan con el NK603 solo; otro con este maíz transgénico más el herbicida disuelto en agua, y uno más solamente con el herbicida, cuya concentración es equivalente a la que consideran satisfactoria las normas en algunos países para el agua de riego. Los tres grupos se comparan con un grupo control (cuyas características no son muy claras), pero a los que se les daría una dieta basada en maíz normal (no transgénico) y agua libre de herbicida.
Los resultados obtenidos son espectaculares. En los tres grupos los animales mueren antes y desarrollan enormes tumores no reversibles. Las más afectadas son las hembras. Además del cáncer, se documentan daños graves en la glándula hipófisis, el hígado y los riñones.
¿Cuáles son los hechos? Desde que apareció publicado este trabajo ha estado sujeto a numerosas críticas de expertos en diversas partes del mundo, incluido México. Las críticas se orientan principalmente hacia los aspectos metodológicos. Además de que algunos juzgan los resultados como el producto de una aventura estadística, en nuestro país se han observado además deficiencias en el grupo control, en las dosis empleadas en los experimentos, en la inexplicable similitud de resultados obtenidos con el OGM y el herbicida solos, a lo que habría que agregar el elevado número de tumores no reversibles en el grupo control alimentado con maíz normal (30 por ciento).
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